charla kagelCon motivo de la inauguración del Cineclub Tornavía, y de la proyección del documental Süden del director Gastón Solnicki, Sebastián Verea fue invitado a abrir el ciclo con unas palabras sobre el compositor y su obra.

Aquí la transcripción:

¿Cómo describimos la obra de Mauricio Kagel?
Él mismo dijo: “una descripción adecuada de la forma sólo es posible a posteriori.”
Cuando el hombre se enfrenta a una obra de arte hay una cuerda que vibra en él. Es una cuerda primitiva que resuena con una idea lejana y atávica que el hombre tiene de la belleza. El hombre, a la vez, es para esa cuerda una caja de resonancia, y esa caja de resonancia no es sólo el hombre como ser sino también su cultura, su historia y su contexto, lo que aprende y lo que hereda.

El arte tiene la capacidad de expandir esa caja de resonancia, de crear nuevos espacios que aumentan las posibilidades de vibración de esa cuerda interna. Los artistas que crean obras capaces de ampliar nuestra caja de resonancia lo hacen a veces inconscientemente, a veces premeditadamente y a veces a disgusto consigo mismo y con su tiempo.

Esos momentos en los que los artistas con sus creaciones amplían nuestra caja de resonancia, son hitos que en perspectiva se verán como puntos de giro en la historia de un determinado arte. La perspectiva nos permite reconocer las bifurcaciones en el camino a partir de esos puntos de giro. Una bifurcación que no significa necesariamente un cambio de dirección sino la construcción de un camino paralelo que nos regala nuevas posibilidades –como artistas y como público-. Ese camino nos dice “esto también es posible”, “el escenario no se termina acá”, “la pantalla no se termina acá”, “la música no se termina acá” (si es que alguna vez estuvo a punto de terminarse).

En resumen, cuando un artista dibuja un punto de giro en el mapa de la historia crea nuevas posibilidades y a la vez nos obliga a reflexionar sobre ellas.

Pero ¿Por qué la música habría de necesitar algo más que simplemente la música? Schopenhauer decía que la música actuaba directamente sobre la voluntad, independientemente de la razón. Cito: “El compositor nos revela la esencia íntima del mundo y expresa la más profunda sabiduría en un lenguaje que su razón no comprende.” Kagel se pregunta algo parecido cuando escribe “¿por qué escriben los compositores? ¿Acaso la música no les es suficiente?”.

Pero volvamos a la perspectiva. Después de conocer la teoría de los universos paralelos de Hugh Everett, “El jardín de los senderos que se bifurcan” nos parece una obra todavía más grande. Con esa ficción, Borges había anticipado esa teoría mucho tiempo antes. Lo mismo sucede con “La biblioteca de Babel” después del nacimiento de Internet. La obra se lee en una clave antes inimaginable.

Las obras que son hitos, aquellas que amplían nuestra caja de resonancia, nos ayudan a comprender el presente porque de alguna forma lo construyeron.

La obra de Kagel debe verse, entonces, como una sola pieza de la que no es parte solamente su producción artística sino también su pensamiento y sus ideas. Su obra tiene el valor del hito que crea caminos paralelos que, vistos en perspectiva, son los que hicieron que el escenario del arte sea mucho más amplio de lo que hubiera sido sin su aporte. Su mirada estaba puesta en un estado de evolución del arte –de la música, de la imagen, del teatro- que quizás ahora estemos avistando.  No buscaba sólo una nueva escena o una nueva música sino una reconfiguración de la idea de música y escena. Buscaba un pensamiento integral.

¿Cómo describimos la obra de Kagel? ¿Qué enfoque elegimos para reconocer las bifurcaciones creadas por el hito Kagel? Leonard Bernstein decía que cuando tocaba una obra lo que tenía que hacer era estar en la mente del compositor como si la estuviese creando mientras la tocaba.

La mejor manera de conocer la obra de un compositor es dejando que la obra nos lleve a su mente. Dejar que la obra nos toque superficialmente. Estar distraídos y dejar que nos toque, a la manera de la música.

En el prólogo de “La cifra”, Borges cita un poema de Jaime Freyres para decir que literalmente no dice nada pero que a la manera de la música lo dice todo. Así es como creo que debe ser aprehendida la obra, no sólo de Kagel, sino de cualquier artista. Porque en la entrega distraída de la intelectualidad es donde estamos listos para que nuestra caja de resonancia sea ampliada.

“A la manera de la música” es una forma de decir, como lo escribió Clarice Lispector, que de la falta de sentido brota un sentido nuevo. Que a veces la profundidad está en lo que parece la superficie. Kagel nos obliga a reflexionar sobre esto todo el tiempo. De hecho, gracias a su obra estamos hoy acá, listos para ser tocados, listos para ampliar nuestra caja de resonancia, listos para reflexionar.

¿Cómo describimos, entonces, la obra de Kagel? Como empecé con sus palabras “una descripción adecuada de la forma sólo es posible a posteriori”. Aunque aún no hayamos llegado a la idea de música o de escena que Kagel imaginó, podemos tomar las bifurcaciones que abrió su obra en el camino del arte señalándola y revisitándola, de la misma manera en la que un poeta nombra algo innominable merodeándolo con palabras que son ajenas al objeto.

Conoceremos a Kagel permitiéndonos ampliar nuestra caja de resonancia y dejando que su obra haga vibrar nuestra cuerda.

A la manera de la música.