El tejido artístico-técnico extiende su trama más allá de los medios de producción de arte, pues abarca los medios de difusión y consumo. Los nuevos soportes y métodos de consumo y difusión modifican también la forma en la que el arte es percibido, el alcance de las obras y el entorno artístico en el cual habitan.
Los nuevos soportes configuran nuevas obras, ya que es posible pensar en obras específicas para ellos: aplicaciones para dispositivos móviles, aplicaciones para sitios web, aplicaciones multimedia, o acciones que incluyan la interacción de este tipo de dispositivos son algunas de las posibilidades que extienden el campo del arte. El soporte de la obra es el dominio del espectador, quien cura y edita el contenido que consume y comparte. ¿Cómo dialoga el arte con este nuevo escenario? ¿Cómo se piensa dentro de estas fronteras que se extienden hasta desdibujarse? ¿Debemos luchar contra la edición por parte del espectador, entregarnos a ella o, mejor aún, hacer arte con ella? ¿Qué esperamos de quienes consumen arte? Estas preguntas tal vez sean respondidas en el apartado técnico, donde veremos cómo el arte se sirve de –y se funde con- las tecnologías aplicadas, y cómo las tecnologías se modifican y se hacen una con el arte para formar parte del acto creador del artista.
Son necesarios el conocimiento y la naturalización del tejido artístico-técnico para poder pensar en nuevos métodos de producción, y más aún, para pensar en nuevos horizontes de pensamiento artístico.
La cuestión es compleja. El tejido abarca los métodos de producción, los de distribución y los de consumo; porque básicamente son el mismo: la tecnología –tecnología específica y tecnología de la información-. Una obra, una vez digitalizada, es su propio infinito. El bit es tan intangible que una reproducción equivale a todas las reproducciones posibles, y debemos sentirnos cómodos con eso. La copia ya no existe y por lo tanto no existe el original.