Daniel Bachman | The Morning Star (2018)

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Aún no me acostumbro a la idea de que Daniel Bachman ha dejado de ser el “wonderkid” del american primitivism, papel que ahora llegarán a ocupar contemporáneos míos como el mismo Hayden Pedigo. Y es que el originario de Virginia ahora se encuentra más cerca de los 30 años que de los 20 cuando nos entregaba sus primeros trabajos bajo el nombre “Sacred Harp” y en este periodo ha cumplido con un proceso evolutivo que lo coloca entre los grandes exponentes de la tradición iniciada por Fahey, Basho, McGrath y otros. Me reservo el término madurez, ya que un músico que desde temprana edad mostró interés en la música tradicional de su lugar de nacimiento, admirador de Dock Boggs como de Folkways Records, y en su momento pupilo de Jack Rose, solo me genera la impresión de que todo este tiempo ha sido una persona mayor disfrazada en el cuerpo de un joven.

The Morning Star es su trabajo más ambicioso a la fecha, un álbum doble bajo el sello Three Lobed Recordings que muestra a un Bachman seguro en una faceta ya conocida pero que ahora explora en profundidad. Y es que su interés en hacer drone con la guitarra era evidente, aunque resultados de previas incursiones solo mostraban la existencia de potencial para mejorar.

Cada sonido emitido por la guitarra es alargado cuidadosamente creando espacios donde entran grabaciones de campo seleccionadas que dan vida al álbum, recursos cuyo uso ya interesaban a John Fahey inicios de su carrera musical; pero que en este álbum aparecen de una manera más fiel a lo que el guitarrista realizaría en sus últimos años de vida.

“Invocation” es la pieza que abre el álbum y también la más larga del mismo, en sus casi 20 minutos de duración encontramos la dirección a donde se dirige The Morning Star. Las cuerdas aparecen ya bien entrados los 6 minutos y rápidamente se perciben guiños a la psicodelia del Ayahuasca de Pelt al incorporar con autoridad influencia de música oriental.

En “Sycamore City” todavía encontramos la guitarra abriéndose paso entre las grabaciones de campo, de una manera gentil ambos elementos se dan tiempo para tomar aire antes de que la guitarra sea guardada por primera vez para escuchar el órgano en “Car”.

“Song for the Setting Sun” regresa 3 años después de su aparición en River para mostrar el contraste que el tiempo sentó sobre esta suite y la nueva dinámica que ahora la cubre a las partes III y IV. Una paciencia sobre las 6 cuerdas en la intimidad de la grabación con todo y la silla o la sirena que se aprecian sonando al fondo es cómo se introduce la parte III que tras 6 minutos deja su lugar a una composición donde más se aprecia el estilo con el que se conduce Daniel, a su marca donde ya figuraba el slide incorpora el silencio y las grabaciones que sirven como últimos detalles para el paisaje que ilustra “Song for the Setting Sun”.

Las 12 cuerdas reaparecen como cascada en “Scrumpy”, tal vez el momento que más recuerda al trabajo por el que lo conocemos, sin embargo esta pieza solo sirve como introducción a la última parte del álbum ocupada por “New Moon”, aquella que fuera la primera muestra dada a conocer de The Morning Star es igualmente uno de sus puntos más altos, el órgano regresa para servir como un lienzo donde la guitarra Bachman se despide en una atmósfera de tranquilidad que inundará la recamara donde escuches el álbum.

Daniel Bachman ha conseguido aquello que ha buscado desde hace unos años, plasmar en un álbum las emociones que antes solo había conseguido en presentaciones en vivo donde cada vez se le escuchaba más reflexivo. Más importante aún, se le nota cómodo en esta consolidación de lo que fuera la construcción de un estilo propio, un camino que tomó varios álbumes de estudio bajo su nombre y que lo ha llevado a consolidarse como uno de los representantes más grandes del american primitivism, todo esto antes de su cumpleaños número 29.

Nota final:

7.5/10