Massive Attack | Heligoland (2010)

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Pioneros de un sonido underground durante el transcurso de los años noventa que luego sentaría las bases para incontables artistas, el dúo de trip-hop de Bristol, Massive Attack, alcanzó un estatus de culto en el año 1998 con Mezzanine; álbum que redefinió el sonido de la banda, inicialmente influenciado por el dub y la música soul, donde ahora se observaban intenciones de crear una atmósfera densa y opresiva utilizando ritmos más industriales. Pero no solo supuso un éxito rotundo para la banda, sino también un punto de quiebre clave en su historia.

Luego de la partida de uno de sus miembros fundadores, Andrew Vowles a.k.a Mushroom, el grupo cambia de vuelta su sonido junto con la ayuda de Neil Davidge, y lanza en el año 2003 el disco 100th Window, que desgraciadamente resulta un fracaso comercial y de crítica en su momento, debido a la transformación del estilo a uno mayormente inspirado por géneros como el ambient y el techno, perdiendo el cierto mainstream appeal que tenían temas como “Teardrop” o “Angel” en el disco anterior.

Ahora, al disco que nos ocupa. Ya para el año 2010 el sonido trip-hop dejó de tener influencia en el mainstream como la había tenido a principios del 2000; grupos como los también provenientes de Bristol y símbolos del género en su ápice, Portishead, lo habían dejado de lado en su tercer álbum dos años antes. Massive Attack, sin embargo, continúan con la esencia que los hizo conocidos, pero como es de esperar a estas alturas, distanciándose del estilo del disco anterior una vez más.

Dicho esto, ¿qué conclusiones podemos sacar de este por el momento último LP de la banda? Al igual que el álbum anterior, Heligoland no generó demasiado impacto al momento de su lanzamiento, y por ende, se vio eclipsado por la gran influencia aún existente de Mezzanine, llegando a considerarse, al no poder cumplir con las expectativas, un proyecto decepcionante y poco memorable. Pero, ¿es realmente justo decir esto?

No nos malentendamos, Heligoland no es ni por asomo un álbum perfecto, pero tampoco creo que sea correcto compararlo con sus discos anteriores en el sentido de que no intenta seguir con lo que los hizo populares. Este lanzamiento bebe mucho de distintas influencias, que al ser combinadas con el trip-hop característico de la banda, se ven en capacidad de crear sonidos interesantes y atrayentes al escucha.

“Babel”, por ejemplo, se construye en base a un ritmo de batería que posee una clara influencia al breakbeat, acompañado por la voz de Martina Topley-Bird, quien también aparece en “Psyche”, que juega con un sonido más art pop, más calmado que el tema anteriormente mencionado. A su vez, hay varios guiños al art rock de artistas como Radiohead  si se me permite la comparación normie, en temas como “Girl I Love You”, donde sus momentos finales recuerdan un poco a “The National Anthem” del Kid A, con una caótica sección de vientos que se ve complementado por el vibrato característico de Horace Andy, clásico colaborador del grupo de Bristol.

Habiendo dicho lo anterior, uno de los grandes puntos a la hora de promocionar el disco, fue la gran cantidad de artistas que contribuían vocales en varios de los temas,y que en su mayoría realizan un buen trabajo acompañando los beats oscuros y opresivos del álbum, como por ejemplo Tunde Adebimpe de TV on the Radio, en el corte que da inicio al disco, “Pray for Rain”, o la vocalista de Mazzy Star, Hope Sandoval, en “Paradise Circus”, el tema más conocido del LP.

Evidentemente, hay momentos en el álbum que no funcionan del todo bien. Temas como “Splitting the Atom” o “Rush Minute” pueden llegar a resultar un tanto aburridos y poco inspirados, y debido a la variación de estilos es posible que sea difícil hallarle cierta cohesión a todo el disco. Definitivamente no es el mejor álbum de la banda, pero con todo y sus fallos, está sumamente infravalorado y personalmente creo que vale la pena por lo menos escucharlo.