El glitch pudo sonar a música para niños: Plux Quba (1988)

Oval, Panasonic y Nicolas Collins. Me pongo a pensar si estos artistas de finales del siglo pasado alguna vez habían llegado a imaginar que música creada para emular el sonido de errores de computadora, discos rayados, ruido y distorsiones, hoy en día puede llegar a charts mundiales o, por lo menos, llegar a mucha gente ajena a la esencia del Glitch. James Blake, FKA Twigs,  Björk, Arca, SOPHIE y muchos más hacen fe de ello.

6043458 (1)Plux Quba (sello Ama Romanta)

Hace casi 30 años, Nuno Canavarro, un portugués que en su etapa ochentera dedicaba tiempo a un proyecto colectivo de New Wave, se cansó de hacer lo que todo Europa y medio mundo hacía y se encerró en casa con un pequeño sampler de 8-bits acompañado de un tape recorder rústico y se puso manos a la obra. Pero, te vas a preguntar el porqué te cuento la vida de un portugués con apellido parecido al de cierto futbolista italiano. La razón es simple: este sujeto creó una maravilla primordial para el Glitch probablemente sin siquiera saber lo que esto pasara a significar años más tarde. Es más, el disco que te presento no puede por sí mismo llamarse Glitch, pero quién dice que un género debe tener un álbum propio que haya creado su sonido.

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“Sólo utilicé dos instrumentos: Ensoniq Mirage, un 8-bit sampler —de los primeros en existir— y un 8-track tape recorder llamado Fostex. Ahora que lo veo, me cuesta creer cómo es que terminé el disco”. —Nuno Canavarro, entrevista de Fernando Magalhães.

Tal vez lo mejor que pudo pasarle a Plux Quba (1988),  y posiblemente al Glitch, haya sido llegar a las manos de Jim O’Rourke en un viaje de tren ocasional allá por 1991 y dejar ensimismado al artista estadounidense que, siete años más tarde, lo publicaba bajo su sello, así logrando llegar a mucho más público. Que haya sido lo mejor es sólo una suposición. La huella de Plex Quba se siente en It Was a Dark and Stormy Night (de Nicolas Collins, 1992), 94 Diskont (de Oval, 1995)Loop-finding-jazz-records (de Jan Jelinek, 2001) y Endless Summer (de Fennesz, 2001). La marca de Canavarro es latente en la manipulación de fragmentos acústicos con sus técnicas de sampling y loops, creando efectos de errores que se asemejan a lo que llegó a ser concretamente el Glitch en los noventa. Un efecto similar creado por Canavarro es utilizando la técnica de Tape Music, incorporando voces humanas, voces artificiales y sonidos ásperos algo indistinguibles de la vida real. Lo que sí es casi seguro es que Canavarro implementa ciertos detalles heredados de la musique concrète de obras de Bernard Parmegiani y Robert Ashley, este último más notorio por el uso de loops con recortes de vocales habladas (Automatic Writing, 1979), su más grande legado en este género. Vaya a saber uno qué cultura musical tenía el portugués en la era pre-internet para ajustar a su música tan peculiares influencias.

Es muy difícil describir el disco totalmente, debido a lo abstracto que llega a sonar en algunas fases. El disco y hasta la portada esconden una pequeña vibra de Children Music. Sabemos que a la gente le da un poco igual que alguien le describa EXACTAMENTE el sonido de un disco (porque… para eso es que uno lo escucha). Pero, este disco es como un juguete viejo de los que suenan a cuerda. Por relacionarte cierta cultura pop, algunas vocales me han llegado a recordar a Sigur Rós y algunos sonidos al comienzo de “Kid A” (la canción). Obviamente, son relaciones muy pequeñas que se me han ocurrido; es parte de mi memoria. Definitivamente el encanto de este disco, aparte de su contexto histórico, son los espacios entre sonidos y notas formando el arquetipo de lo que es el Glitch actualmente.

Escuchá a Plux Quba, cerrá los ojos e intentá concebir en qué pensaba Nuno Canavarro al crear esta maravilla que por poco se pierde en la historia. En serio. Nunca sabremos porqué lo hizo. Pero ya está. Mucha música tiene algo de Plux Quba. Y qué bien que hoy lo podamos reconocer.