The Voidz | Virtue (2018)

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La carrera de Julian Casablancas parecía ir cada vez peor con los años: su grupo de toda la vida (The Strokes) venía lanzando álbumes mediocres que no lograban satisfacer a las publicaciones que solían escribir reseñas extremadamente positivas sobre obras como Is This It (2001) o Room On Fire (2003); y su relación con los demás integrantes se había debilitado en la grabación de  Angles (2011), en el que Julian fue muy poco al estudio y mandó la mayoría de sus partes por e-mail. Asimismo, en el año 2009 empezó su extraña carrera en solitario lanzando Phrazes For The Young, un disco decente de synth pop y new wave que contenía algún que otro highlight pero que no me causó gran impresión.

No obstante, todo esto empezó a cambiar en el 2014, un año después de que Casablancas participara en el último lanzamiento de los Strokes hasta la fecha (Comedown Machine). Probablemente cansado de ser el poster boy de la ya muerta escena del garage rock revival, que tuvo su pico de popularidad a comienzos de los dos mil, Julian empezó una nueva banda llamada The Voidz. Gracias a la experimentación que aportaron los músicos de su nuevo proyecto, logró romper con la imagen que había acarreado toda su carrera, lanzando el exótico álbum Tyranny (2014), disco donde se pueden apreciar sonidos típicos de géneros como el rock experimental y el synth punk, y que además contiene -en mi humilde opinión- una de las mejores canciones de la década: la extravagante “Human Sadness”, una odisea space rock donde vocoders, extraños solos de guitarra, baterías procesadas, sintetizadores altamente manipulados y demás insólitos sonidos sampleados crean una atmósfera oscura y misteriosa que nunca fue escuchada en las obras en las que ha participado. El resto del álbum, aunque muy interesante sónicamente, carecía de canciones tan bien escritas como “Human Sadness”, lo cual me decepcionó.

Finalmente, The Voidz, después de un extenso tour por varios países promocionando su debut, volvieron este año con un nuevo disco que lleva por nombre Virtue y, ¡qué buen disco! Esto es lo que venía esperando desde el lanzamiento de aquel increíble primer single de Tyranny, extravagantes sonidos y texturas, pero mezclados con la gran sensibilidad pop de Casablancas para escribir canciones y hooks que difícilmente se escaparán de tu mente. Gracias a esto, nos encontramos con un disco mucho más coherente y que pese a su relativamente extensa longitud (58 minutos), nunca logra aburrir. Esto es realmente destacable, ya que el anterior lanzamiento poseía una gran cantidad de relleno que hacía que su escucha se hiciera muy densa.

El disco abre con una canción bastante normal, “Leave It In My Dreams”, que sorpresivamente tiene un sonido muy similar a lo que estaban haciendo los Strokes en sus últimos trabajos, o sea, new wave muy pegadizo pero con la impronta indie rock que los caracteriza. Este tema inicial cuenta con unos sintetizadores irresistibles que dejan un leve tinte psicodélico y que acompañan perfectamente a la guitarra de Jeramy Gritter, que toca punteos y acordes muy dulces y un extraño solo de guitarra que deja claro de entrada que este álbum no va a ser nada normal.

Como un breve repaso, en el tracklist queda muy clara la diversidad de estilos que manejan los Voidz: el segundo track “QYURRYUS” es una delirante combinación de synthpop ochentero con ruidosas guitarras, autotune y ritmos casi árabes; “Pyramid Of Bones” presenta un sonido casi metalero que ayuda mucho en crear la atmósfera apocalíptica que busca Casablancas con sus letras anti establishment; “ALieNNatioN” posee un hipnótico beat trip hop con una fuerte presencia de pianos que fácilmente podría haber sido producido por alguien como Timbaland; “All Wordz Are Made Up” es increíblemente bailable y recuerda mucho a bandas como Primal Scream; “Think Before You Drink” es una canción folk de protesta, donde Julian se queja de cómo desde una temprana edad se nos impone “veneno” en las instituciones educativas, que nos enseñan a tomar orgullo en las acciones de nuestros antepasados que lucharon en la guerra; “We’re Where We Were” y “Black Hole” son las más ruidosas del disco alcanzando una estética casi propia del no wave, que no es algo que se escucha mucho en estos días.

En fin, sinceramente este álbum es todo lo que aprecio y busco en la música: ideas refrescantes, canciones bien escritas y variedad que me mantenga expectante constantemente. Felicitaciones Julian.

Nota final:

8.5/10