La vez que el jazz conoció al folclore venezolano | El Fabuloso Aldemaro y su Onda Nueva (1971)

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A comienzos del 1970 el jazz seguía en desarrollo, esencialmente por el reciente lanzamiento de Bitches Brew (de Miles Davis) que significó un punto de inflexión en el jazz fusión. Por otra parte, Latinoamérica no había tardado en tomar influencias del género hacía más de 30 años para combinarlas con las características de la música latina, surgiendo así el jazz latino. Los principales países en integrar elementos del jazz en su música fueron Cuba y Brasil, conformando respectivamente el jazz afrocubano (o Cubop) y la bossa nova, esta última derivada de la samba.

Así surgían de Latinoamérica géneros muy interesantes basados en el jazz y, aunque los mencionados fueron los más importantes, países como Colombia y Chile se aventuraron a fusionar este género con sus géneros autóctonos; Argentina lo había acercado al tango; e incluso puedo mencionar a la salsa (en parte puertorriqueña), como uno de los géneros musicales más populares surgidos del jazz, aunque esta vez con muchas influencias de la música caribeña. Pero, ¿a qué viene esta especie de retrospectiva del jazz latino? En parte está ahí para mostrarte cómo era la escena musical de latinoamérica: en cierta medida conformada por esto que estoy contando, aunque también por la respectiva música folclórica, y como es de esperar de aquellos músicos que se limitaban a hacer su propia versión de los géneros mundialmente famosos (rock y pop mayormente), sin que eso sea necesariamente una insinuación peyorativa.

En este contexto, Aldemaro Romero, con una carrera musical bien cimentada (resaltando su exitoso lanzamiento debut Dinner in Caracas, de 1955), decidió en un arranque de creatividad deshacerse de la falta de modernidad de su amado folclore venezolano con una idea tan sencilla como la era reemplazar la orquestación respectiva del joropo (normalmente arpa, cuatro y maracas) por la ya conocida orquestación de los tríos de jazz (piano, batería y bajo), manteniendo características de ambas influencias (también del bossa nova) y creando a la vez un sonido único, nuevo y refrescante que él denominó “Onda Nueva”. Si Brasil podía tener al bossa nova, ¿por qué no podía Venezuela tener su propia versión del jazz?

Aunque fue con Aldemaro Romero Presenta La Onda Nueva (1968) que se dio a conocer este nuevo estilo, hablaré del lanzamiento que lo perfeccionó en pleno 1971 con El Fabuloso Aldemaro y su Onda Nueva. A diferencia de las veces en que se combinan influencias en las que se pueden notar los diferentes estilos, aquí ocurre algo diametralmente diferente: cuando escuchas este disco no puedes decir con precisión que estás escuchando jazz, tampoco puedes decir que estás escuchando joropo, es su propia cosa, su propia síntesis entre lo regional y lo global.

Escuchar esto por primera vez, y aún más si no eres venezolano, resulta por lo menos desde mi perspectiva algo extraño. Nada más al iniciar nos encontramos con interesantes motivos vocales que recuerdan al scat singing pero sin su sofisticación, ese tipo de motivos casi onomatopéyicos inundan la completitud del álbum, sin mencionar el juego armónico que hacen las dos voces femeninas: Agueda Rojas y Yolanda Rojás, y dos masculinas: Alí Aguero y José Ramón Angarita, las cuales no sólo se dedican a cantar lo mismo, unas veces escuchamos a las voces femeninas recitando la letra mientras las masculinas la armonizan o viceversa, y otras veces aparecen frases de llamada y respuesta. Todo esto conforma una hermosa polifonía bien aprovechada por los arreglos del talentoso Aldemaro.

La rítmica del álbum es, a falta de un mejor adjetivo que me permita describirla, sabrosa; con los característicos compases ternarios del joropo y una batería, Frank “el Pavo” Hernández despliega ritmos extremadamente pegajosos mientras se divierte con la síncopa, siendo una de mis baterías favoritas: rebosante de energía y alegría. Las suaves líneas de bajo frecuentemente toman parte de la melodía para adornar el sonido es de esas cosas que pasa desapercibida ante cualquiera que escuche despreocupadamente, pero se hacen muy importantes para el resultado final de las piezas.

No todo se queda en simpleza de los ritmos y las melodías, pues este lanzamiento no carece de una parte habitual y propia del jazz: los solos, que aquí se presentan como pequeños interludios en los que participa principalmente la batería o el piano y nada tienen que envidiarle a cualquier músico críticamente aclamado. A lo largo del LP se respira esa atmósfera moderna y autóctona, se siente como algo plenamente venezolano, y la instrumentación no bastó para quitarle la identidad a esta música. Todo, y digo todo literalmente, es alegre en este disco, porque las melodías de cada instrumento (incluidas las voces) son las interpretaciones de músicos que sienten la música y que la están disfrutando, basta solamente con verlos en vivo para confirmar lo que digo.

Las letras de cada canción, aunque sencillas, tienen el aliento a poesía nativista y se presentan como una excusa para adornar y enriquecer los temas de los cuales algunos son versiones de composiciones clásicas de folclore (como “Pajarillo”, “El Gavilán” o la emblemática “Alma Llanera”). Todas las letras del álbum son prosa reminiscente de la geografía, flora, fauna y cultura del país, con temáticas optimistas y hasta -en algunos casos- románticas, encauzadas con ayuda de la propia música a la felicidad mientras son interpretadas con energía.

El análisis de este álbum clásico de la música venezolana nos lleva de vuelta a Aldemaro Romero (quien por cierto fue el pianista, arreglista y principal compositor del mismo). Sólo él pudo ser capaz de combinar de manera tan prolija sus influencias, siendo un músico tan versátil que no se quedó en esta Onda Nueva, sino que también fue director de orquesta y era un gran amante del bolero y del tango. De alguna manera, como dice un verso en “El Musiquito”: “Él sólo piensa en música y es feliz”, no me sorprendería si se refería mismamente a Aldemaro. Ante todo esto, ¿cómo encajamos este estilo en un género famoso? La verdad no sé, diría con mucha seguridad que es inapropiado llamarlo jazz latino, y -aunque es su traducción literal- el new wave ya existe y no se refiere a este estilo; lo más apropiado me parece una mezcla entre world music, pop y jazz latino.

Aunque desafortunadamente la Onda Nueva no llegó a hacerse internacional (pocas grabaciones se tienen de ella fuera de Venezuela, principalmente por su carácter endógeno), esta se difundió en Caracas en numerosos festivales y dejó marca en la generación que vivía en ese entonces, llegando hasta ser denominada “joropo urbano”. Pregúntale a cualquier abuelo que haya sido joven en la Venezuela de los 70s y casi con total seguridad sabrá sobre esta música y reconocerá su sonido, era la música popular de ese momento. Hoy en día representa un gran legado cultural y un reflejo directo de la época dorada del país, los mejores momentos de la nación en los que sólo existía felicidad entre los ciudadanos, y eso es todo lo que esta música puede evocar. Música de cierta forma sencilla, pero despreocupada ante una época en la que se buscaba lo contrario.