Mitski | Be the Cowboy (2018)

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Mitski es una de las estrellas más recientes de la escena indie internacional. Saltó a la “fama” en 2016 con su cuarto álbum Puberty 2, un apasionado cancionero de sucio indie rock/pop que, aún con sus indulgencias aquí y allá, justificaba la aclamación que recibía. En particular en Puberty 2 se encontraba una de las mejores canciones de 2016, el sencillo principal “Your Best American Girl”. Ese tema junto a su video conforman una épica (y violenta) confesión musical de angustia y superación, memorablemente condensada en forma de una levemente ecléctica canción pop. Una emocional oda a la confrontación cultural y la aceptación de uno mismo en el mejor espíritu del indie rock de antaño. Algo que, en cierto modo, se necesitaba en pleno 2016.

Este año es que Mitski llegó con una continuación para Puberty 2, y… bueno, esta es una confesión que me destroza el corazón (especialmente considerando que estamos hablando de una artista en ascenso), pero es brutalmente decepcionante. Lo que tenemos aquí es Be the Cowboy, un trabajo que, a pesar de tener algunas cositas buenas, se encuentra inundado de incompetencias que ejemplifican perfectamente todo lo disfuncional acerca del indie rock actual. La mala costumbre de saber que la ausencia de ideas para hacer buenas canciones puede cubrirse con reverb y sonidos bizarros de fondo que llamen la atención. Pensé que estaríamos mejor.

A primera vista Be the Cowboy es nada más que una continuación del sonido de su trabajo predecesor. Quizás los sintetizadores ahora juegan un papel un poco más fundamental que las guitarras, pero todo eso es fácil de ignorar. Sin embargo desde que escuché los sencillos principales pude observar con horror una cosa: el sonido crudo y lo-fi de sus anteriores canciones se ve reemplazado por uno más pulido, antiséptico, y gris, el cual es muy común en el indie moderno. En realidad, llamarle “gris” sería erróneo: hay colores en esta música. El problema es que este tipo de coloración suena a plástico; es un color falso, añadido, como si fuera un aditivo en la comida. Lo van a notar apenas oigan las olas y olas de reverb en “Blue Light” o la percusión mecanizada en “Why Didn’t You Stop Me” que suena a un preset de programa de edición musical (cuál era la necesidad de no utilizar un sonido de batería convencional, yo no entiendo), o incluso los podridos riffs de guitarra como los de “Remember My Name” que suenan raros únicamente para evitar sonar horribles (y ni siquiera que suenen tan raros, Mitski no tiene huevos para hacer nada que realmente asombre). Comparen el aburrido y artificial sonido de las guitarras de “Nobody” con el de las del segundo verso de “Happy”, la canción de apertura en Puberty 2. En “Happy” tienen vida, tienen melodía. Tienen de todo. Suenan a gotas de lluvia salpicando en un charco.

El mal sonido se podría perfectamente perdonar si Mitski pudiera escribir una buena canción para salvar su vida, pero ella demuestra no haber madurado nada en estos dos años. De hecho ha empeorado. Parece haber caído atrapada en el famoso remolino de la complacencia, aquel inmaterial lugar en el que muchos cantautores se ven estancados peligrosamente por años, escribiendo constantemente canciones que son meramente decentes según sus propios estándares, y que no presentan característica o idea excepcional alguna que las distinga del montón. De aquí sale música gris, adormecida, sin extroversión y sin concepción de lo que se le llama progresión artística, aquellas muestras de originalidad que realmente movilizan la escena musical. Esto se resume a que absolutamente nada de estas canciones tendrá impacto en la escena indie en los años venideros. No importa el Hype™ momentáneo. Tendrá emoción, pero no es emocionante. Be the Cowboy significará para la década actual tan poco como In Case We Die significó para la década de los dos mil. Varios de ustedes ya se estarán preguntando: “¿Qué carajo es In Case We Die?” Bueno, ese es justamente mi punto.

El trabajo lírico, el cual parece estar siendo tomado muy en serio por muchos, tampoco colabora. El problema es que estas letras no esconden nada. A juzgar por el sentido de confusión que el video de “Nobody” conviene me imaginé algunas líricas más elaboradas, más surrealistas. Incluso la reseña del disco que The Guardian publicó este viernes encontró la manera de realizar una comparación entre David Lynch y Mitski. Sin embargo acabé descubriendo que los temas a explorar, y en los cuales ella parece intentar poner mucho énfasis, son generalmente planos y demasiado directos. Si Mitski se siente alienada entonces dice “me siento alienada”; si se siente sola dice “me siento sola”; y si quiere clavarse una paja entonces dice “nadie me coje como yo misma” (cita real, búsquenlo). La honestidad podrá ser un valor importante, seguro, pero no hay nada dejado para la imaginación acá, no hay ningún sentido de ambigüedad o trabajo dejado para el oyente; es más, el oyente es un idiota al que se le tiene que explicar todo en la cara. Yo, personalmente, prefería las épocas 15 o 20 años atrás en que la estética indie quedaba definida por grupos como (meros ejemplos) Modest Mouse, American Football o incluso Neutral Milk Hotel, todas bandas que te dejaban pensando acerca de la naturaleza del artificio en sí mismo (cada una de manera diferente) y cuestionándote cómo es que conseguían transmitir cierta información relevante sin siquiera mencionarla de manera directa. El ingenio de Isaac Brock dejaba a uno anonadado por horas, el de Mitski es un recurso en agotamiento.

Lo que sí, Mitski ocasionalmente canta sus letras dándoles gran peso emocional. El inicio del caos en “Geyser” se da cuando canta la línea “I’m a geyser / Feel it bubbling from below”, y el tono profundo de su voz hace que me convenza totalmente. Lo mismo en “A Pearl” cuando canta “I fell in love with a war” hacia el final del tema (ese es el único momento de la canción con convicción suficiente para entretener; lo demás es un completo divague nada melodioso que suena más a un demo que un track finalizado). Entiendo perfectamente por qué alguien podría encontrar super adorable la manera en que Mitski repite una y otra vez la declaración “I love you” en “Pink in the Night” como si estuviera perdida en su propio mundo. Y la manera en que cuidadosamente enfatiza ciertas palabras en la frase “To think that we could stay the same” en los últimos segundos del álbum es genuinamente atrapante y una gran demostración de control vocal. Sí, todo esto es lindo, pero no es ni remotamente suficiente.

La voz de Mitski aún así salva gran parte del álbum, ya que sin buenas canciones, letras ni música la cosa parecería un desastre irredimible. El distinguir a un buen vocalista de un total incompetente es una habilidad que los críticos suelen tener bastante bien afinada con respecto al público general, y Mitski sí es una buena vocalista. Supongo que será por eso que la crítica está cayendo a los pies de Be the Cowboy (ahora mismo se encuentra en la posición #7 del año según Metacritic), porque musicalmente no hay ni por asomo la cantidad de material memorable que uno esperaría encontrar para explicar la aclamación.

Más quejas innecesarias porque estoy de humor para criticar pedorreadas: “Me and My Husband” es una completa aberración composicional donde los acordes nunca resuelven ni se dirigen a ningún lado (este tipo de progresiones tan estáticas de acordes pueden llegar a usarse para dar gran efecto -un ejemplo típico es “I Am the Walrus”, donde alimentan toda la confusión psicodélica- pero en este caso nunca queda claro cuál es su gracia), en “A Horse Named Cold Air” Mitski pretende hacernos creer que sabe algo de composición atonal y termina haciendo el ridículo, y canciones como “Lonesome Love” son simplemente no-entidades que probablemente requirieron veinte minutos para ser escritas y grabadas. Yo me pregunto: Toda la gente que anda aclamando este álbum, ¿realmente se acuerda de alguna de estas melodías una vez que las canciones acaban?

Las cosas buenas están desperdigadas de manera bastante errática, y hacen la escucha frustrante, pero para poder terminar la reseña en una nota positiva voy a mencionar algunas. Los sencillos en general son suficientemente sólidos: La introducción del disco, en los primeros segundos de “Geyser”, suena profundamente inquietante (viene con screamer incluído), aunque la canción después se transforma en nada más que una balada con crescendo (el cual no es completamente satisfactorio ya que todo sucede muy rápido: no se da el tiempo necesario para que se edifique y una vez que el clímax está ahí no se lo sostiene lo suficiente); “Nobody” es probablemente la mejor canción del disco aunque aún cuente con sus problemitas (el estribillo es obviamente muy poco elaborado, y la guitarra funk de los versos no encaja se lo mire por donde se lo mire) porque tiene una melodía preciosa en los versos que vale la pena escuchar en loop unas cuantas veces; y “Two Slow Dancers” es una competente finalización para el disco aún si tiene un aire de ser una cosa bastante patética.

Hay algunos no-sencillos con cosas interesantes también. En “Why Didn’t You Stop Me” se oyen llamativos arreglos melódicos de los cuales me hubiera gustado ver más (y mejor incorporados a los temas; ¿por qué es que Mitski parece hacer todo a las apuradas?). Y el arreglo de sintetizador (que pretende ser un violín o algo así) en “Washing Machine Heart” es maravilloso. Es una lástima que sea tan fugaz y se empaste en la canción tan a la ligera.

Con todo, y a pesar del hecho que gran parte del álbum pasa sin generar consecuencia alguna, Be the Cowboy resulta ser una de las escuchas más instructivas que he tenido en un largo tiempo. Quizás hasta recomendaría pegarle unas oídas, nada más para que digerir qué es que uno está oyendo aquí y allá; por qué es que las cosas funcionan en algunos lados y otros no; y por qué es que muchas canciones son tan difíciles de recordar. Mucha gente piensa que no tiene gracia escuchar música que no es buena. Una vez presencié una discusión en internet en la que surgía este punto, alguien preguntó: “Yo no soy artista. ¿Por qué me interesaría escuchar música mala? No me interesa saber por qué es mala. Mi intención no es convertirme en un mejor músico”. A esto alguien dio una respuesta inteligente: “Pero te hará un mejor oyente“. La discusión finalizó ahí.

Nota final:

5.5/10