Habano-rock y jazz afrocubano | Grupo de Experimentación Sonora del ICAIC (1975)

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Toda la información en internet sobre el Grupo de Experimentación Sonora del ICAIC (GESI) proviene de EcuRed —algo así como la Wikipedia cubana— y puede resultar poco esclarecedora, así que les ahorro el trabajo de descifrar lo que allí se encuentra. Se trató de un grupo encabezado por el músico cubano Leo Brouwer —quien más tarde se haría conocido como intérprete de guitarra clásica y compositor— y las siglas ICAIC significan Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos, lo que indica que fue creado bajo el amparo de la industria cinematográfica. Su objetivo era, en principio, producir bandas sonoras para los filmes producidos.

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Silvio Rodríguez – Días y flores (1975)

Sin embargo, los registros a los que se puede acceder (que tampoco son del todo accesibles) no son en su mayoría bandas sonoras, sino que demuestran una afinidad con el movimiento de la nueva trova. Esto es de esperar al ver algunos de sus integrantes fundacionales: Silvio Rodríguez, Pablo Milanés y Noel Nicola. No olvidemos que hasta 1975 Silvio no había editado ningún trabajo discográfico y al escuchar la instrumentación de Días y flores, no se puede evitar realizar una conexión con el GESI. Este grupo sirvió como trampolín para el movimiento musical más importante del país caribeño, brindando apoyo económico y experiencias enriquecedoras a los jóvenes cantautores que cautivaron a Latinoamérica y el mundo.

Pero, como su nombre lo indica, la experimentación es el propósito de la agrupación, y es en este aspecto donde más se destaca. “Danzaría” es una composición atonal de Sergio Vitier para ensamble de jazz con percusión, donde ésta última se luce creando ritmos frenéticos, todo esto con una performance vocal encima. Algo así como la versión caribeña de Faust.

Los que se hayan entusiasmado por los artistas de renombre mencionados más arriba se contentarán al escuchar “Granma”, la mejor pieza en mi opinión y la que cristaliza todos los elementos que caracterizan al grupo: la fusión de la música tradicional cubana, la nueva trova y el rock. Se trata de una suite de rock progresivo con una introducción experimental por parte de Sergio Vitier que deja un clima tenso. Repentinamente surge una cálida guitarra eléctrica y en seguida la voz de Pablo Milanés cantando alegremente sobre la muerte, sumándose una flauta, un tres cubano y una batería, para más tarde aparecer un coro que armoniza tarareando la melodía. Terminada la sección hay un pequeño interludio ambiental que da comienzo a la sección de Silvio, nuevamente acompañado por una guitarra eléctrica esperanzadora, a la que le van siguiendo diversos instrumentos de percusión, de viento y un piano, que van en crescendo y dejan a la guitarra eléctrica sola, para entrar nuevamente en un final estruendoso.

“La oveja negra” es una linda canción de Silvio Rodríguez, acompañada de instrumentos de viento, tambores y un órgano eléctrico, que también deja una sensación de grandeza al estilo del rock progresivo.

Las piezas que, aunque tienen sus momentos interesantes, no se destacan tanto son “La contradanza” de Emiliano Salvador, y “Canción con todos” por Eduardo Ramos, “Grifo (Animal mitológico)” de Pablo Méndez, todas piezas de jazz afrocubano, las últimas dos con elementos del jazz rock y dejos de rock progresivo.

Sí, quizás este disco nos sea relevante únicamente por la colaboración de artistas de renombre y admito que puede sonar por momentos un poco envejecido. Aún así, probablemente la mayoría no nos imaginábamos que este tipo de música se estuviera haciendo bajo el régimen comunista de Cuba en los años setenta. Pero dejemos de lado los prejuicios y digamos: “Wow, Silvio Rodríguez haciendo prog dirigido por Leo Brouwer, qué genial”. Por lo menos eso dije yo.

Nota final:

7.5/10