Niños del Cerro | Lance (2018)

39200693_2208774865831886_8987892268643909632_nEstoy seguro de que más de uno de los que están leyendo esto se ha topado con algún álbum de indie rock latino que le resonó en la cabeza, ya sea gracias al algoritmo de YouTube o por alguna playlist de Spotify. La música independiente latinoamericana está generando un buzz increíble a través de internet (siendo los focos de esto México, Chile y Argentina). Uno de los colectivos que más renombre tuvo durante estos años fue el sello chileno Piloto, que albergó a muchas bandas que pudieron gozar de una “fama” reconocible, tales como Patio Solar, El Cómodo Silencio de los que Hablan Poco, Animales Extintos y una que sobresalió respecto a las demás: Niños del Cerro. Su debut Nonato Coo (2015) chocó a todos con sus estructuras poperas a la vez un tanto complejas, y su calidad tanto musical como lírica: la mezcla perfecta entre diversión y contenido musical sobresaliente. Realmente fue una producción independiente a la que se le supo sacar el jugo que se le podía sacar. Haciendo fast-forward hacia 2017, vemos al sello en sus últimos momentos debido a los sucesos ocurridos con las bandas Siempre Llueve al Atardecer y Silabario, y a unos Niños del Cerro con un single lanzado, que a pesar de mostrar una evolución un poco clara, se movía dentro de la comodidad de su debut… pero ¿quién iba a lanzar el nuevo material de ellos? Quemasucabeza fueron quienes tomaron a los del Cerro y supieron hacer un excelente lanzamiento.


nincc83os-del-cerro_mila-belenEl primer single lanzado en la era post-Piloto, “Flores, Labios, Dedos”, siguió por la misma línea de “Contigo”, moviéndose en parámetros cómodos, pero fue recién en el último single “El Sueño Pesa” en donde se demuestra lo capaz que fue la banda de renovarse; tanto en esta canción como en “Las Distancias” hay dos invitadas femeninas (Chini Ayarza y Martina Lluvias, respectivamente) que realmente aportan a lo que trae la banda a la mesa y lo hacen en canciones que permiten demostrar el potencial que tienen todos en conjunto. Eso es lo que hizo la banda después de todo: desencadenar toda su creatividad, y así es como Lance muestra a una banda renovadísima, que no pierde el pop/rock que los hizo súper disfrutables desde un principio, pero tampoco tiene miedo de perderse en nuevos terrenos. Desde la canción que abre el álbum, “Sufre”, se nota que las estructuras de las canciones son explotadas al máximo, expresando en sus canciones la influencia del folclore latino que hacen progresar a medida que pasa el tiempo; pasando por “Lance” (la canción) y “Javier y los vientos”, dándonos una experimentación que no se había visto desde canciones como “Videojuego en Dificultad Principiante” (Compilado Piloto vol. 2, 2017); hasta el final lleno de pena y progresión de “Melisa/Toronjil”, es más que obvio que la calidad de estos chicos no es ninguna casualidad.

Las canciones, como Simón (guitarra, voz) ha dicho, se mueven dentro de tres temas principales: cansancio físico/emocional (“Sufre”), felicidad superficial (“Contigo”) y pura pena (“Melisa/Toronjil”), cosa que puede sonar un tanto forzada pero forma una variedad excelentemente sana dentro de la música. Nada en el álbum es demasiado forzado o demasiado sutil, sino que sabe moverse entre estos parámetros y formar sonidos que ondean entre estos dos extremos: la comodidad de “Contigo” o la esencial y experimental “Lance”. No hay desperdicio de talento o de ideas en este segundo álbum.

Nada en el indie rock latino había sonado más fresco, sincero y desbordante de calidad en años, creo que es algo que hay que resaltar y tener más que claro. Los Niños del Cerro  lograron crear lo que, a mi parecer, es el mejor trabajo independiente en lo que va del año y el mejor álbum independiente latino que vamos a escuchar en muchísimo tiempo.

Nota final:

8.5/10