Postentrevistas | ¡Cazamos Cometas! y el emo en México

Hace ya un tiempo que escucho emo, lo que me llevó siempre a conocer proyectos nuevos que surgían por ahí, desde el screamo más visceral hasta el midwest más llorón, nunca me limité respecto a eso. Siempre noté algo: México es un país que no deja de producir bandas de este género, ya sea en el norte del país o en la capital, ya sea midwest o screamo, los norteamericanos producen contenido de calidad. Conocí, bastante gente gracias a este género y, hace un tiempo, entre grupos de Facebook y conversaciones para pasar el rato, un tal Carlo Ixcamparij me comentó que su banda ¡Cazamos Cometas! Iba a sacar material dentro de poco tiempo, cosa que no se podía cumplir debido a la falta de dinero, pero que tenían todo grabado. Pasó el tiempo y no escuché mucho más del grupo hasta el viernes 7 de septiembre de 2018, día en el que María, primer EP de ¡Cazamos Cometas!, fue lanzado. Aprovechando su lanzamiento quise escribir un poco sobre ellos, y tuve la chance de hablar con Sergio Zorrilla  (guitarra, voz) y Carlo Ixcamparij (batería, voz) para que nos cuenten un poco que es de esta banda de la capital mexicana.

a4178247747_10María, 2018


PM: ¿Qué es ¡Cazamos Cometas!?
SZ: ¡Cazamos Cometas! es una banda emo de CDMX.
CI: Un proyecto nacido de la curiosidad, ganas de tocar y la experimentación de Walfred (alias Sergio) y mía. Una especie de catalizador que contiene todas las emociones que hemos sentido a lo largo de los años: frustraciones, miedos, tristezas, impotencias, exacerbaciones y sentires violentados, así como amor profundo, amistad, nostalgia, cariño y tranquilidad.

PM: ¿Cuándo surgió la banda?
SZ: La banda surgió en el 2015 aproximadamente.
CI: Sí, Walfred y yo nos conocimos en un grupo de músicos y melómanos en Facebook en algún momento del 2014. Un amigo en común que teníamos en ese momento propuso formar un proyecto con influencias post-rock y math, a lo cual nosotros entramos con curiosidad y terminamos quedándonos y apropiándonos del proyecto, jajaja. Poco después de eso, tanto Sergio como yo llamamos a algún amigo de confianza para que llenara la alineación con otra guitarra (Diego Sandi) y un bajo (Beto Sierra). Unos meses luego, ya estábamos tocando las canciones que Sergio y yo habíamos estado componiendo, junto con los arreglos y demás que metían Diego y Beto.

PM: ¿Cómo fue su proceso de composición?
SZ: El EP se compuso ya hace muchos años. Carlo complementó la parte rítmica y así surgió. Tocamos con personas que no querían o podían invertir en su sonido y eso nos tiró mucho.
CI: Generalmente Walfred llegaba con una idea de un riff a desarrollar o yo traía algunas ideas rítmicas o algunas líneas en la cabeza. Los procesos siempre fueron muy fluidos ya que él y yo solemos conectarnos muy bien, aun teniendo un abismo de ideas e idiosincrasias en cuanto a música se refiere entre nosotros. Por suerte Beto igual fue acoplándose a esa idea de ir sobre la marcha y Sandi siempre ha sido un maestro del leading, entonces terminamos todos por hacer bien las cosas. Los procesos de escritura de letras eran un poco más tortuosos. La mayor parte venían de frases que leíamos o escuchábamos que nos parecieran intrigantes. Sólo “María” la escribí yo y por motivos de despecho, tristeza y desamor. Hoy día, por desgracia o suerte, vuelve a tomar sentido. Me verán llorar mucho si nos ven tocar.

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Carlo Ixcamparij

PM: ¿Qué problemas se encontraron al grabar el material?
CI: El tiempo y el dinero, la dupla maligna para el músico amateur. Nos costó muchísimo encontrar un lugar decente y con buenas referencias. Ya encontrado el Testa Estudio y habiéndome puesto de acuerdo con “KB” sobre las fechas y los costos, lo siguiente fue ahorrar y buscar créditos o de dónde sacar dinero. Por suerte, pude contar con apoyo de mi familia, de un banco y de venta de varias cosas mías, y después de mucho sangrar pude pagar el disco. Los demás me fueron pasando su parte con el tiempo. Aunque aún hay muchas remanencias de esos días, ¿verdad, Sandi? (PÁGUEME). En cuanto al tiempo, por cuestiones de la misma plata, tuvimos que hacer todo de una manera fugaz. Hicimos todo el disco en dos días, grabando por separado. Los nervios de primerizos no ayudaron mucho y la querella de querer hacer y afinar todos los detalles posibles era también otro contra. Yo tardé cuatro horas en grabar mis partes (que hoy día no me llegan a gustar del todo, ya que aún hay errorcitos que no pude corregir).
SZ: El ingeniero era experimentado pero con profesionalidad nula, así como la persona que realizó la mezcla. Además, hubo poco tiempo [para la grabación]. La gente siempre es poco exigente con el sonido y su calidad. No cuestiona.

PM: ¿Cuáles fueron sus influencias?
SZ: Las influencias son poco relevantes al carácter de la banda pues casi todos estábamos escuchando otra música muy diferente al emo. En ese caso puedo decir que es la diversidad lo que nos da la autenticidad. De todas formas todo es un refrito de todo. Eso no está mal. Son pocas las personas que saben robar con estilo.
CI: Generalmente, en un principio, eran las bandas de math y emo que escuchábamos, tanto mexicanas como internacionales. En mi caso, como baterista: Via Luna, The Physics House BandThe Mercury Program, Halfsleep, algunas cosas de post-hardcore como Good Weather for Airstrikes y un poquito de Loma Prieta. Ya como banda, generalmente tomábamos algunas referencias de bandas latinas como No Somos Marineros, Zeta, entre otras. En esos momentos, todos traíamos una mezcolanza de referencias, ideas e influencias que nos volvían locos: el jazz, el metal, el post-rock, el krautrock, el dreampop, el shoegaze, algo de ambient y hardcore.

PM: ¿Qué puede esperar la gente en el EP?
CI: Mucha emotividad sincera (sobre todo en “María”), acordes de crucecita, algún arranque difuminado de violencia por ahí y muchísimos errores. Eso sí, todo con amor.
SZ: La gente puede esperar lo que desee del EP. Así es la música, de libre interpretación.

PM: ¿Cómo ven el emo en México actualmente?
CI: Como toda escena, tiene sus momentos álgidos y sus momentos de declive. Sin duda, desde hace un tiempo el movimiento emo (midwest, emoviolence, etc.), no ha tenido realmente un gran empuje o fuerza, debido a que lo han opacado movimientos como el punk rock o el alternativo estándar. No es que sea malo, pero definitivamente ha segmentado mucho a este movimiento. Yo respeto en demasía el modus operandi de la “primera oleada” de bandas “emo”  (Arcadhianonstabian, Arse Moreira, Per Se, Die Alone, Sad Breakfast, Papá Enojado, Te Lloraría Un Puto Río, Zarathustra Has Been Killed in the 70’s, Theraps, entre otras) que se gestaron acá: durar poco, dejar huella y gritar mucho. No obstante, es una lástima que muchas de ellas ya no existan o no quieran volver a hacerlo. Eso sí, hoy día —y desde hace como un año— el emo está volviendo a tomar fuerza. Bandas como Polaroids of Polarbears, quizá AMBR, El Gran Orgo, My Mind Is A Birdcage, Aves, Thule, Recuerdos de un Sueño Perdido, Inválido, Morir Soñando, Local Champion, AzidoAzida, los infames Sad Saturno, Whalecoma, Johnny Pequeñín y hasta los mismos condenados de No Somos Marineros son pruebas de que hay gente que quiere mantener el espíritu emocional vivo. El regreso de Arcadhianonstabian y de Le Mat le dan así mismo un nuevo empuje al emo y al hardcore de antaño.
SZ: Yo no estoy tan metido en la escena mexicana. Me parecen de interés contados artistas. Esto porque los recintos donde se presentan tienen una calidad pésima. Más allá de ser feos, la música no puede ser interpretada correctamente debido a la falta de profesionalidad y poca información respecto a la cultura del sonido. No es muy difícil contratar un ingeniero de audio o acondicionar un recinto a hacer sonar bien el ruido. El problema es la falta de interés por resolver estos problemas y querer siempre hacer cosas al aventón. Un claro ejemplo de esto es la banda Mint Field que cuando toca en un recinto controlado suena impecable. Debido a que no les interesa eso, puede llegar a malinterpretarse como floja su presentación. No siempre está en las manos de uno.

PM: ¿Cómo lo ven en la CDMX comparado con lugares como Monterrey?
CI: Creo que en todos los lugares hay una forma distinta de ver tu escena. Me ha tocado gente de Celaya que dice que generalmente el público va a las tocadas pero no se mete a  buscar música o a seguir tu página. Caso contrario a acá, en la capital, donde mucha gente escucha, comparte y difunde pero muchos terminan por no ir a los eventos que haces. Es difícil. En Monterrey sinceramente no conozco qué tan bien sea recibido el emo pero el hecho de que hayan tan buenas bandas allá —de cualquier género— habla de que al menos hay iniciativa y disposición, que no siempre es mal correspondida.

PM: ¿Qué va a ser del futuro de ¡Cazamos Cometas!?
CI: Es una buena pregunta. No sabemos. Poco a poco nos distanciamos más Sergio y yo de lo que escuchamos. Sergio se ha clavado en el techno y yo estoy en un momento de jazz irresoluto. Aunque el cambio de alineación (Víctor en el bajo y Pablo “Smitty” en la otra guitarra) nos ha dado muchas ganas de empezar a crear cosas nuevas, no me animaría a decir que estaremos por muuuucho tiempo. Además, probablemente alguno de nosotros se irá del país por un par de temporadas dentro de no mucho, lo cual significaría una temporada de inactividad. De ahí que queremos tocar y mostrarle al mundo nuestra música lo más pronto posible. Así mismo, el hecho de crecer y entrar al mundo laboral, seguir en la escuela y tener otras responsabilidades muy seguramente mermará, al menos un poco, en nuestro proceso creativo. Pero bueno, lo que nos quede de vida lo vamos a disfrutar y a buscar en la mayor medida explotar todo esto que traemos para todos ustedes.
SZ: ¡Cazamos Cometas! hoy en día tiene una alineación muy diferente. Ahora, con la mitad de los integrantes dejando la banda, parece que será distinto pues estamos creando nuevo material finalmente en colaboración y un poco más acordes en la selección estética del sonido. Si llegamos a grabar de nuevo será algo mucho más pulido y específico.

Pueden encontrar a ¡Cazamos Cometas! En Facebook, Instagram, y pueden escuchar su EP María en Bandcamp y todas las plataformas de streaming.

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Sergio Zorrilla (izquierda) y Carlo Ixcamparij (derecha)