Portishead | Third (2008)

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Año 2008. Ya pasaron diez años desde que salió el disco homónimo de Portishead. Por supuesto, si bien fue un disco muy bueno con hitazos como “All Mine” o “Only You”, mucha gente lo sintió como que intentaba seguir demasiado en la línea de su antecesor, pero no parecía que trajese nada nuevo a la mesa. Un poco más de lo mismo, quizá. De aquí en más, ¿qué le deparaba el futuro a la banda de Bristol, ícono del trip hop a finales de siglo? La respuesta a esta pregunta nos remite a un camino bastante alejado del sonido inicial de esta banda.

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Portishead – Portishead (1997)

Apenas empieza “Silence”, el cambio se vuelve extremadamente notorio. Se han ido los samples de jazz y los scratches, se abandona la influencia hip-hop de los dos primeros discos y se va en una dirección que bebe más del krautrock de grupos como Can y de la música post-industrial que del sonido típico del grupo de Bristol. Implica un sonido más orgánico y a su vez más experimental, jugando con ritmos distintos y sonidos más abrasivos. Sin embargo, aunque haya cambiado la metodología en cuanto a sonido, el tono de Third sigue siendo el mismo que el de los discos anteriores. La opresiva atmósfera de melancolía y desesperación que permeaba por completo a Dummy (1994) y al homónimo, sigue estando presente en este álbum, puede que incluso más que antes.

 

Esteja alerta para a regra dos três

O que você dá retornará para você

Essa lição você tem que aprender

Você só ganha, o que você merece

Esa es una recitación en portugués del precepto wiccano de la regla de tres. Con ella, arranca la ya mencionada “Silence” y a su vez, el disco. Esta temática de la retribución del accionar personal es algo a lo que se alude sutilmente en las letras del disco, en la medida en que se manejan tópicos como la depresión y los conflictos dentro de una relación, situaciones en donde el accionar de uno es determinante para ambas partes involucradas y cada decisión tiene consecuencias que les afectan. Sensaciones de desesperación, culpa, desconfianza en uno mismo y en los otros, incertidumbre y frustración conforman la estética de este disco.

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Beth Gibbons

Ahora bien, habiendo entendido que el aura asfixiante e incómoda que caracterizaba el sonido de Portishead desde un principio está todavía presente y que se nos entrega una nueva dirección en cuanto al paisaje sonoro, ¿cómo se ven combinados estos dos elementos? Para ejemplificar esto, voy a traer a colación uno de los cortes más distintivos del álbum y seguramente uno de los mejores temas de la banda, “Machine Gun”. La implacable percusión industrial y las punzadas frías que dan los sintetizadores contribuyen mucho a la construcción de este ambiente sombrío que, junto a la voz de Beth Gibbons expresando de forma dolorosa sus sentimientos con respecto a una relación fallida y cómo ahora se encuentra aislada y dañada con respecto a sí misma (“Here in my reflecting / What more can I say? / For I am guilty / for the voice that I obey”), logran exponer de manera clara sensaciones de agonía y de ansiedad.

Lo curioso es que la canción anterior a esta en el tracklist, “Deep Water”, es el polo opuesto en cuanto a intensidad, sirviendo como un pequeño interludio con una influencia folk, finalizando con lo más cercano a una lírica esperanzadora en este álbum (“No matter how far I drift / Deep Waters / Won’t scare me tonight”).

A lo largo de la duración de este disco, hay una alusión constante a estas temáticas de la ansiedad y la desesperación, hasta llegar a una culminación de pesimismo y pérdida de voluntad, ilustrada por los dos últimos temas, donde letras como “I can’t deny what I’ve become / I’m just emotionally undone / I can’t deny, I can’t be someone else” o “I’m worn, tired of my mind / I’m worn out, thinking of why / I’m always so unsure” calan hondo en el escucha, haciéndole partícipe y creando una conexión emocional entre él y el disco.

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Portishead – Dummy (1994)

Puede que toda esta descripción sea un poco rebuscada, pero al punto al que quiero llegar es: Portishead, después de diez años de ausencia, volvieron con un nuevo sonido, más oscuro y a la vez más natural, y pocas bandas son capaces de retornar después de tanto tiempo y entregar un producto de igual o mayor calidad que sus discos consagrados. Personalmente todavía sigo siendo más asiduo del Dummy, pero Third no está muy atrás tampoco y lo aprecio porque no intentaron repetirse, tomaron un riesgo al cambiar de sonido y llegaron a buen puerto.