Bosquejos de flamenco | Antología del cante flamenco heterodoxo (2018)

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Niño de Elche (Francisco Contreras) es un cantaor español que se propone la audaz misión de ir contra el establishment del flamenco contemporáneo. Su discografía evidencia una evolución hacia la experimentación: se inicia como cantaor de flamenco más bien convencional en Mis primeros llantos (2007); continúa la tradición de homenajear a poetas del siglo XX —ya presentando un cierto grado de experimentación— en Sí, a Miguel Hernández (2013), y en Voces del extremo (2015) se mete de lleno en el art rock (aunque a veces resulta un intento no muy interesante de contraponer su cante con instrumentación de rock y sintetizadores) germinando la semilla de la experimentación con la que continuará en su último disco, Antología del cante flamenco heterodoxo (2018)

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Camarón de la Isla y Paco de Lucía

Los orígenes del flamenco se remontan al siglo XVIII en el sur de España, producto de la unión de diversas culturas que allí convivían (gitanos, árabes, castellanos, judíos, etc.). Este género tiene una rica historia de artistas que incursionaron en la experimentación y fusión con géneros de la música popular. Camarón de la Isla, que se había consagrado como uno de los mejores cantaores a finales de los sesenta, rompe los esquemas con La leyenda del tiempo, un disco que musicaliza poesía de Federico García Lorca y que fusiona el flamenco con el jazz y el rock. Paco de Lucía asombraba a los guitarristas clásicos más virtuosos con su magistral forma de interpretar el flamenco. Bandas españolas de rock progresivo fueron atraídas por su complejidad rítmica y los artistas que lo mezclaban con el pop gozaban de amplio éxito comercial. Figuras como Enrique Morente, con la colaboración de Lagartija Nick, lo mezclaron con el rock alternativo y Kiko Veneno plantea su visión del género desde la perspectiva de un cantautor ecléctico.

Pero Niño de Elche prefiere explorar otra cara del flamenco, esa que no sale en las listas de Rolling Stone de los mejores discos españoles de todos los tiempos. Si bien es consciente de que estos artistas dieron una perspectiva novedosa —de hecho, es inevitablemente influenciado por sus trabajos— decide centrarse en las raíces más profundas de la historia del flamenco a las que puede acceder, aquellas a las que solo los interesados por la musicología o verdaderos fanáticos del género han inspeccionado. Presenta una obra con mucha erudición y referencias a artistas, filósofos y otras figuras culturales. Afortunadamente las notas se encargan de explicitar los autores de cada composición y darles contexto histórico, cosa que sirve de apoyo al escucha y lo guía a través de este material de gran interés musicológico. Todo esto, junto con la extensa duración, probablemente intimide a gran parte del público que pueda verse interesado en este álbum, que ya de por sí es reducido.

Tampoco hay que olvidar que esto se trata de un verdadero trabajo antológico y por lo tanto tiene un cierto criterio. Contreras decide mostrar a través de la selección que el flamenco, como casi cualquier corriente o género artístico, es en su esencia marginal y vanguardista y que a medida que gana prestigio es víctima de la canonización y el establecimiento de la ortodoxia. Ya desde el título oximorónico da una idea del enfoque que tiene esta obra: hay una conciencia muy presente de los orígenes “bastardos” del flamenco y de las estructuras sociales que lo rodean, pero además demuestra una conciencia de sí mismo como artista e intérprete. Es el aporte posmoderno al flamenco que estaba faltando.

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Rosalía – Los ángeles (2017)

Niño de Elche sigue los pasos de Rosalía, que rompió el flamenco el año pasado con Los ángeles, también con la producción de Raül Refree. Aunque quizás se sitúe más dentro de los esquemas del pop y de lo amigable al oído, comparte la consigna de hacer homenaje al cante viejo —pre-Camarón, como leí por ahí— dándole un toque moderno tanto con los arreglos de guitarra como con la potente voz que la caracteriza, que parece ser una cruza entre una técnica pop o R&B y el cante tradicional. Tampoco los estoy comparando porque Los ángeles dura menos de la mitad que esta Antología y, además, tiene enfoques y logros distintos. Como tema controversial, ambos son catalanes, por lo que se los acusa de apropiación cultural de un género eternamente marginado y de los estratos sociales más bajos y del sur. Sí, quizás no son la viva imagen del pueblo calé, pero el respeto, el interés antropológico y social a la hora de presentar estos trabajos no está ausente. En palabras del propio Contreras: “Si no le tienes respeto y no lo amas, no lo destruyes”.

La selección presenta una serie de personajes e historias interesantes. “La farruca de Juli Vallmitjana” se trata de una canción recolectada por un dramaturgo catalán —que se interesó por la cultura calé, muy asociada en ese entonces con la decadencia— y cantada en ese idioma, mostrando el intercambio musical con otras regiones de España. Otra pieza interesante es “Martinete y debla de Vicente Escudero (con baile al sonido de dos motores)” que contiene una interpretación de un baile inspirado por las vanguardias del siglo XX  del influencial coreógrafo, cuya voz es sampleada. En “Tanguillos de Cádiz de 1947” explora la influencia del carnaval de Cádiz, que se caracteriza por realizar comentarios sobre eventos ocurridos recientemente, tratándose en este caso de las detonaciones de bombas atómicas en Japón. Como dato curioso, esta expresión carnavalesca fue llevada a Uruguay a principios del siglo XX y dio pie a lo que actualmente se conoce como murga uruguaya. Hace nuevamente referencias a movimientos vanguardistas y recita poemas de autores españoles, tocando temáticas tan diversas como la religión o las corridas de toros. Explora así la infinidad de capas que envuelven al flamenco,  presentándolo como mucho más que una expresión musical.

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Raül Refree

Sin embargo estas cuestiones, por más enriquecedoras que sean, son tangentes a lo musical. En ese ámbito Contreras rompe las expectativas de un trabajo antológico purista y no se limita a interpretar las composiciones o a musicalizar los textos dentro de los esquemas del flamenco tradicional, sino que le añade una dimensión más al trabajo arreglándolas —con ayuda de Refree, su productor— de la manera que encuentra acorde a la pieza. Por ejemplo, en algunas se limita a su voz, guitarras y las típicas palmas, en otras utiliza instrumentación relacionada con la temática, como en “Polo de Manuel de Falla”, compuesta por el compositor gaditano de música clásica, que mantiene el acompañamiento típico del lied clásico —el piano— pero añade su cante en lugar del canto lírico con el que se interpreta usualmente, mucho más adecuado a la categorización del palo flamenco que le dio el autor. En “El prefacio de la malagueña de El Mellizo” es acompañado  por un solemne órgano, en sintonía con el tono religioso del texto. “Fandangos y canciones del exilio”, canción de protesta republicana que tuvo su influencia en cantautores latinoamericanos izquierdistas, es acompañada de un charango y un vihuela mexicana. Esos son quizás los momentos más convencionales arreglísticamente y en los que el concepto que pretende mostrar es evidente. En otros puntos se mete de lleno en la experimentación, haciendo uso de sintetizadores, efectos e instrumentos electrónicos con los que explora texturas y ambientes poco habituales dentro del flamenco, también utilizando técnicas como el sound collage. Las armonías tensas tan características del género inspiran aún más experimentación en ese ámbito y los ritmos irregulares tampoco pueden faltar.

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Niño de Elche

Sobre este lienzo el Niño de Elche pinta con su principal instrumento, su voz, a veces con una potencia desgarradora (“Saeta del Mochuelo…”) y otras con la ternura y la fragilidad de una canción de cuna (“Fandango cubista de Pepe Marchena”). Oscila entre el cante más tradicional de “Caña por pasodoble Rafael Romero el Gallina” y la experimentación vocal inspirada por compositores de vanguardia de canciones como “Canción de cuna de Crumb (El niño busca su voz)” o “Deep song de Tim Buckley (Lorca)”,  siendo esta última un homenaje al cantautor norteamericano influenciado por García Lorca (al igual que Morente hizo con Leonard Cohen). Otras exploraciones vocales son el recitado de diferentes textos; la interpretación de “El tango de la Menegilda”, tango perteneciente a una zarzuela, en el que toma el rol de una mujer, y una versión de la rumba pop más barata y fiestera en “Rumba y bomba de Dolores Flores”. La variedad no falta en este trabajo.

Como último punto, debo responder a la pregunta clave de si vale realmente la pena sentarse a escuchar esto. Como ya mencioné, el disco es bastante extenso —con más de  una hora y media de material— y, según explica Contreras, es a su vez una selección de una cantidad aún más copiosa de grabaciones. Es que una antología exhaustiva de un tema tan amplio no puede resultar de otra manera. Mi respuesta es simple: si te interesa el flamenco definitivamente recomiendo que lo escuches. Dicho esto, hay que tener en cuenta que este es una obra de arte con investigación y exploración musicológica de fondo, así que, si te interesa ese aspecto, recomiendo que sigas el texto que se encuentra en la edición física, también disponible aquí. Si, en cambio, te interesa más el lado artístico, recomiendo ampliamente una escucha ininterrumpida, aunque advierto que puede resultar un poco floja en ciertos momentos. Es difícil concentrarse en los dos a la vez, pero tener ambos acercamientos en mente sería lo ideal.

En síntesis, un disco denso pero gratificante y que no se agota en la primera escucha. No fui consciente del verdadero concepto y profundidad del disco hasta la segunda vez que lo escuché, así que espero haberle ahorrado tiempo con este análisis a quien, como yo, pensaba que se trataba de un álbum de flamenco más.

Nota final:

7.5/10