Julia Holter | Aviary (2018)

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Expansivo, surreal, genuinamente ambicioso en su rango sonoro. Nunca había escuchado una Julia Holter así. Volví a darle una oída a sus últimos álbumes esta semana para chequear que no hubiera pifiado antes y creo poder afirmar con cierta confianza que esto es lo mejor que Julia ha hecho recientemente. Loud City Song (2013) es un álbum bonito, aunque un poco tímido. Have You in My Wilderness (2015) fue amado por todo el mundo debido a su accesibilidad, aunque en el fondo era un disco sin mucha sustancia o canciones interesantes. Aviary es una locura. No todo el disco funciona, pero no es de esperar que un trabajo que se decide a arriesgarse de maneras notorias tenga por objetivo la consistencia. Son noventa minutos de música y no es posible que todos y cada uno de esos minutos valgan la pena. Yo programaría el álbum con los siguientes tracks: 1, 2, 3, 4, 7, 8, 12 y 13. Ahí ya tienen 45 minutos de música excelente. Ese disco sería un 8/10, por lo menos.

Aviary intenta ser una experiencia musical, uno de esos álbumes que uno pone en su cuarto, apaga la luz y cierra los ojos para escuchar de corrido yaciendo en la cama. Lamento tener que reducirme al cliché tan clásico en la crítica musical de comparar a cualquier cantautora mínimamente vanguardista con Kate Bush, pero en este caso creo que la comparación sería apta. En términos de mantener una ecléctica atmósfera surreal en un álbum de música “pop” diría que Aviary apunta en una dirección parecida a la de The Dreaming (1982), aunque no se le equipara. Julia a veces se toma demasiado tiempo en construir sus lienzos sonoros, mientras que Kate desplegaba todo su arsenal musical abruptamente en cada canción sin reservar nada. Kate pensaba “si el oyente no es capaz digerir todo de golpe, no es mi problema”, la cual es, de hecho, una manera muy interesante de ver las cosas. No sacrificar intensidad tan solo para hacer a los oyentes sentirse cómodos. Julia puede a veces divagar por varios minutos sin arribar a los momentos claves de sus canciones hasta el final, lo cual es una lástima, porque si hay algo que las canciones menos acomplejadas de Aviary demuestran es que la música de Holter es perfectamente capaz de colmar los sentidos rápidamente sin dar la impresión de que las cosas están ocurriendo de manera muy apresurada. Y una vez que consiguen captar tu atención pueden mantenerte atrapado por cinco o seis minutos sin problema.

A partir de ahora la reseña irá describiendo tema por tema lo que hay para escuchar. Si una descripción general como la de arriba les es suficiente pueden dejar de leer.

Lo primero que escucharán en Aviary es un rugido instrumental: caos de cuerdas y percusión, drones ruidosos, una voz que le canta desesperadamente al cielo en palabras que no consigo comprender. “Turn the Light On” no se dirige a ninguna parte, pero no necesita hacerlo. Es nada más un despliegue inicial de la paleta de sonido que el álbum ofrecerá y suena imponente. A cuatro minutos de iniciado el ruidaje se apacigua y entra percusión robótica pero no artificial. Julia canta animadamente mientras la atmósfera se densifica poco a poco y después las dinámicas comienzan a variar espasmódicamente. El segundo track finaliza en una nota inconclusa y se presenta a continuación “Chaitius” con un arreglo de cámara post-minimalista. Después de tres minutos de música clásica colorida, la voz de Julia entra a hacer sonidos indulgentes, lo cual no es un grave problema porque tan solo un instante después la canción muta en algo mucho más hermoso: pájaros cantando, líneas de bajo sin trastes resbalando de un lado a otro, notas de sintetizador que saltan por todos lados como gotas de lluvia. La inspiración acá sale directamente de “The Morning Fog”, eso es clarísimo. Julia dobla su propia voz y arranca a jugar consigo misma como si no quedara tiempo para nada más que dejar la inocencia salir. Una vez que el ruido se consume e inicia el cuarto track, “Voce Simul”, las cosas se vuelven mucho más oscuras. Ahora nos encontramos escuchando lo que sería la banda sonora de un noir de los cincuenta muy confuso; es la música ambiental de un pub lleno de humo pero muy vacío en cuanto al número de personas, donde un solitario trompetista ensaya unos cuantos solos adronados al estilo de In a Silent Way. Tres minutos pasaron y ahora Julia se las arregla para transformar la canción en una eléctrica pieza de minimalismo experimental casi sin tener que mover un dedo. Es magnífico. Después todo calma y volvemos al humo del pub.

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Julia Holter (foto de Bandcamp)

Voy a cortar por un segundo el hilo de continuidad con el que describí los primeros veintidós minutos del álbum para dejar algo claro: aunque ciertamente los sonidos que Holter despliega en estos primeros cuatro temas son admirables, tanto en carácter como en variedad, siento algo de estanqueidad con respecto a las ideas mismas de las que está haciendo uso para organizarlos. Los clímax acaban todos abruptamente sin dar un sentido de finalización del todo satisfactorio. Las secciones musicales no se ven muy desarrolladas, sino que son simplemente expuestas despreocupadamente por uno o dos minutos hasta que se cambian por otras, y además parece que se repiten, es decir, estas composiciones no son tan diferentes unas de otras como uno podría pensar.

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Peter Gabriel – Security (1982)

Regreso al álbum. Tanto “Everyday is an Emergency” como “Another Dream” dejan mucho que desear y lo más triste es que se las siente pasar muy lento. La primera inicia con cuatro minutos de piruetas triviales en un conjunto de bronces, lo cual no tiene nada de gracia. Después se convierte en una balada muy atmosférica, estilo Peter Gabriel circa Security. Las imágenes dadaístas de Julia ya comienzan a resultar molestas y su falta de sentido se vuelve muy notoria (“In the swooning, in the bodies, in the morning, in the terror, in the lizard” = ¿¿¿???). En la segunda ocurre muy poca cosa nueva, casi se siente como un anexo a “Everyday is an Emergency” y no se vuelve interesante hasta los drones finales. Después, el sencillo principal, “I Shall Love 2”, comienza a sonar. Esta canción es genial: aún si los primeros tres minutos pueden parecer un poco anémicos, lo cierto es que suenan preciosos y marcan la marcha cautelosamente para la segunda mitad de la canción, la cual desafía las expectativas. En el minuto 3:15, cuando los coros entran, es el momento en que uno comprende a dónde se dirigía todo y qué es lo que la canción siempre estuvo destinada a hacer. Esos últimos dos minutos del tema son dos de los mejores minutos de música publicados este año. Simplemente una pared de sonido hermosa, impenetrable, llena de vida en cada detalle.

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Julia Holter – Loud City Song (2013)

Casi todo después de “I Shall Love 2” se siente decepcionante en comparación, pero es de todas maneras buen material. “Underneath the Moon” suena a un momento paralizado en el tiempo, el instante de percatación de que algo maravilloso está a punto de ocurrir. Creo que escucho algo de inspiración de Radiohead por aquí (el verso “Hysteria, hysteria…” parece una referencia al segundo par de versos de la mítica “Let Down”) y la canción no escatima para nada en color instrumental (glitches electrónicos, arreglos de cuerdas puntillistas, gaitas, órganos, arpegios de bajo, etc). La siguiente pieza es de música ambiental para orquesta, bastante similar a las de Loud City Song, y aunque es bonita de escuchar, no da mucho de qué hablar. El décimo track es siete minutos de la música de Grouper. Nadie necesita escucharlo. Solo se vuelve interesante hacia el final, cuando Julia toca algunos ostinatos más disonantes en el piano. Aviary continúa con cinco minutos más de drone-pop sin muchas ideas antes de que comience una de sus canciones más interesantes, “Les Jeux to You”. Densas capas de fantasmales sintetizadores se apilan unos sobre otros, hasta que las cosas más extrañas empiezan a ocurrir entre los minutos 2 y 4. Julia hace truquitos cómicos con su voz sobre un beat estilo dance-punk en un clímax que crece y enloquece por dos minutos. Cuando el ruidaje se apacigua hacia el último minuto del track, se escucha un collage de instrumentos que suena a sonidos del mar.

El segundo sencillo de Aviary se llama “Words I Hear” y es un trabajo muy simple: Julia ejecuta algunas de sus acrobacias vocales más memorables (las sílabas iniciales de cada línea vibran) mientras un conjunto de violines ornamenta psicodélicamente la escena. Para darles una idea, imaginen los solos en Primavera de Vivaldi pero muuuuuy pausados y muy extendidos, como si se los escucharan congelados o en cámara lenta. El penúltimo track continúa el viaje con una reprise de “I Shall Love 2” a la que se le suman arreglos de cuerdas y bronces, y algunos toques de gospel en los coros. La masa de sonido creada suena un poco pomposa de más, pero aprecio mucho el que haya sido tomado tan en serio el reto de poder integrar todos estos elementos en un motivo musical único. Los últimos seis minutos de Aviary corresponden al track final y pasan sin consecuencias importantes. El recorrido termina acá.

Noto bastante gente que ya se encuentra aclamando a este álbum y, aunque ciertamente entiendo de donde sale el entusiasmo y la admiración, tengo que aclarar que Aviary no es ni por asomo una obra maestra. No creo que nadie que realmente escuche música clásica moderna se anime a atestiguar que Julia Holter es una maestra de la composición, y aún el oyente poco comprometido es capaz de notar sus típicas indulgencias líricas y musicales aquí y allá. Aún así, Aviary es un disco alentador y uno de los mejores del mes. Uno de los más ambiciosos y completos. Y la experiencia de escucharlo no es pasmosa ni abrumante porque hay simultáneamente espacio y variedad. Julia ha aprendido que hacer bien las cosas no implica convertirse en un robot perfeccionista, también que abarcar más no implica apretar menos. Hay que salir adelante con lo que se tiene, tenga desperfectos o no. En todos los errores humanos hay algo escondido. Acaso los ángeles nos dicen “hay que amar”?

 

Nota final:

7.5/10