boygenius | boygenius (2018)

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Escuché dos álbumes de trios de mujeres esta semana. Ambos “supergrupos”, se les podría decir. El primero fue Interstate Gospel de Pistol Annies (Miranda Lambert, Angaleena Presley, Ashley Monroe). Es su tercer álbum juntas y está excelente. Muy recomendado. Al día siguiente escuché el segundo de estos dos trabajos, el homónimo EP debut de boygenius, del cual voy a hablarles hoy. Boygenius es Lucy Dacus, Phoebe Bridgers y Julien Baker. Es probable que quien esté al tanto de la escena indie internacional haya escuchado estos tres nombres y atesore al menos uno de ellos. Lucy Dacus hace indie rock bastante respetado por los críticos desde hace unos pocos años, aunque aún no ha cultivado una audiencia enorme. Tiene una canción relativamente popular llamada “Night Shift” que mucha gente ama. A mí me parece un bodrio de seis minutos y medio. Yo nunca le di mucha pelota porque lo poco que he escuchado de ella no consiguió captar mi atención. Phoebe Bridgers (la rubia) comenzó a recibir algo de reconocimiento hace apenas un año con su álbum debut Stranger in the Alps. Hace indie folk con ocasionales tintes de country y rock, y tiene algunas buenas canciones a su nombre (particularmente la invaluable “Motion Sickness”). Julien Baker es la más notable del trío. Es reconocida por sus emotivas piezas de slowcore introvertido y su potente y muy expresiva voz. Ciertamente, es una de las mejores vocalistas del indie moderno. Vayan ya a escuchar “Rejoice”, de su álbum debut, Sprained Ankle, para experimentar música que realmente a uno lo mueve (“But I think there’s a g-GOD and he hears either WAAAAAAAAAAAAAY!!!”).

A lo que quiero llegar es que acaban de publicar un EP juntas. En lo que respecta al estilo de la música, no se aparta mucho de lo que uno asumiría es el punto medio entre las tres chicas. Es indie emotivo basado en guitarras, nada que a ninguna de las tres les suene extraño. Casi no hay instrumentos fuera del diseño de banda indie estándar (guitarras y voces, ocasionalmente bajo y percusión). Tiene sus momentos crudos, pero no suelen llegar para quedarse por mucho rato y aún las guitarras más distorsionadas nunca suenan demasiado apabullantes en estos temas. La mayor parte del tiempo deambulan por ahí sin mucha dirección o propósito. Si hay algo que temía de este lanzamiento es que acabaría no añadiendo nada nuevo al mundo. Se siente redundante, poco inspirador. Tan dormido como todos los Mac DeMarcos y Angel Olsens del mundo.

Hay exactamente una de las seis canciones que es excelente y ella justifica la existencia de esta colaboración. Hablo de “Bite the Hand”, el track de apertura. Líricamente no es una canción muy astuta… o creativa… o incluso conmovedora —por lo menos no en el sentido que a uno le induzca una reacción al nivel de las tripas—, pero musicalmente es lo más redondo del EP. No le toma mucho rato tomar las riendas y desarrollar su propia aura, su propia energía, desplegar sus movimientos. Las chicas armonizan el estribillo “I can’t love you how you want me to” haciéndolo sonar más icónico de lo que cualquiera de ellas individualmente lo podría haber hecho sonar. Y cuando llega el momento en que comienzan a cantar contrapuntos unas sobre las otras aprovechando las diferencias entre sus registros vocales es que a uno le llega la cuenta: quizás esta música realmente tiene ideas para mostrar, lo único que a las chicas no les gusta restregarlas pretenciosamente por tu cara todo el tiempo. Quizás las ambiciones se encuentran disimuladas de manera ingeniosa.

Los demás temas son los intentos a replicar “Bite the Hand” y tienen sus cosas buenas, aunque, si no los escuchas, tampoco te estarás perdiendo de nada esencial. La guitarra introductoria de “Me & My Dog” son olas llegando a la orilla, preámbulo de Phoebe cantando uno de sus mejores versos. Le falta variación al tema, pero las chicas lo mantienen suficientemente corto  como para que no se note mucho (comienza a decaer rápidamente una vez que llega a su punto culminante en las líneas “I wanna be emaciated / I wanna hear one song without thinking of you”). “Souvenir” es mayormente relleno en piloto automático y “Stay Down” solo se salva gracias a los detalles no tan triviales como los arreglos de piano y violín, los cuales fueron añadidos a la mezcla porque alguien se tomó el trabajo de hacerlo (además Julien canta bien y la frustración que intenta transmitir me convence).

“Salt in the Wound” es el más denso líricamente de estos temas, variando desde imágenes de la naturaleza a referencias bíblicas, todo para describir una relación que está fallando estrepitosamente de todas las maneras posibles. Noto a todos los instrumentos intentando hacer algo (la batería hace golpes erráticos al redoblante, la guitarra genera un drone de fondo), pero la cosa nunca se alza por encima de su propia mundanidad. Ahora, la canción de cierre sí ofrece una especie de retorno a la calidad confiable: es una adorable baladita folk sencilla con algunas armonías llamativas. Vale la pena echarle una ojeada. Aún así deja un gusto raro en la boca… uno se pregunta: ¿esto es todo? ¿Veinte minutos de música y casi nada de variación que me transporte a un lugar un poco más emocionante?

Lo único interesante que puedo decir acerca de boygenius, como conclusión, es que estoy agotado de la mediocridad de los artistas que sacan una canción buena y después se esconden bajo la cortina de humo de un montón de canciones que suenan parecidas. No se dejen engañar por que los temas sean todos decentes y bonitos. Pedir que la música “no sea mala” es aplicar un estándar muy bajo. Me gustaría que se arriesguen un poco más. El indie se muere. La culpa la tiene la complacencia. Estos son restos. “Bite in the Hand” es una moneda que te encontrás tirada en la calle. O sea, la levantás ya sea de paso, pero no festejás por haberla encontrado.

Nota final:

6.0/10