Mejores Albums 2018

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ENZO RAFFLER

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Si no quedó lo suficientemente claro en mi reseña del disco, Lance es todo lo bueno que pudo haber salido de la banda chilena. Con cada escucha del disco siento que se le da un nuevo significado a la introspección que nos dan sus canciones, y que la experimentación (para lo que es este grupo) le da un toque fresco cada vez, pasando la línea de ser solo canciones de indie pop a ser algo mucho más complejo que eso. Hermoso disco.

FABRICIO GUIDO

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Encontrar un disco de música tan eléctrica como Snares Like a Haircut entre tanta basura anémica como la que se escucha hoy en el indie internacional fue un golpe de suerte para mí. No Age siempre me cayó bien (han grabado material excelente en el pasado), pero creo que es recién en este álbum que ajustaron todas las cosas que había para ajustar, desarrollando un sonido más cristalino y detallado que no sacrifique nada de energía y mejorando la calidad de las voces un 200%. Desde las brutales paredes de distorsión en “Cruise Control”, pasando por los reflejos caleidoscópicos de lo que parecen ser sintetizadores en “Send Me”, hasta la percusión glitch de los pasajes instrumentales (el clipeo de esa percusión es increíble… suena a decenas de impresoras trabajando al unísono, y creo que nunca había escuchado ese sonido siendo usado en música antes de manera tan pintoresca) básicamente no hay un instante de Snares Like a Haircut en el que la banda no esté ofreciendo todo de sí, comprometida a crear su mejor arte y a condensar su estética con toda la actitud juvenil posible. ¿Qué se puede hacer para mejorar estas canciones? Este es el rock tal cual siempre debió existir.

FELIPE ÁLVAREZ

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No es la primera vez que se intenta llevar el pop a una categoría más “elevada” o formal, son tan comunes estos experimentos que ya la mayoría de estos quedan en el olvido, mientras que unos pocos son adorados por revistas o comunidades de música en internet. Sin embargo, tuvimos la dicha de escuchar a Eiko Ishibashi, exponente del underground japonés y colaboradora de leyendas como Keiji Haino, Charlemagne Palestine y su productor, Jim O’Rourke, volver a realizar lo que mejor se le da, pop con influencias de estilos vanguardistas, de una forma mucho más ambiciosa que antes. Si bien no es el álbum más experimental ni fiel al pop en su catálogo o en el género, demuestra que la flexibilidad de Ishibashi le permite llegar a lugares distintos y crear una mezcla casi perfecta del pop más melodramático como el de Julia Holter, el jazz más incorpóreo como el de Jimmy Giuffre y el ambient electroacústico de O’Rourke. Probablemente esté adivinando al afirmar que el pop decidirá buscar recursos fuera de lo enseñado, de lo estético, pero es el camino que claramente exprime todo el potencial del llamado “art pop”.

FRANCO CAMMAROTA

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Veteran es un disco que, a primera escucha, resulta difícil de digerir; es rabioso, violento y tiene como cometido ponerte incómodo, pero una vez que te empieza a entrar se convierte en una de las experiencias más gratificantes y cautivantes que se pueden tener con el rap este año. Refleja perfectamente el estado emocional de gran parte de la sociedad a través de una combinación irresistible de beats industriales y abrasivos con letras cargadas de ironía y enojo a partes iguales, resultando en una experiencia altamente catártica. El carisma que destila Peggy a lo largo del álbum es atrapante, llegando al punto en el que inequívocamente va a haber algo que se va a quedar contigo después de que termine el álbum, sean las letras, sea la performance o sean los beats. Y no, no tiene nada que ver con Death Grips.

JOAQUÍN MARTÍNEZ

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Me he dado cuenta de que, con cada año, se me hace más difícil decidir un disco que me parezca ser el número uno, en situaciones previas he cambiado varias veces mi veredicto al respecto. No obstante, estoy seguro de si los tres discos de mi top —y los otros dos discos que son parte de mi top 5 personal, por si se sienten curiosos— estarán presentes y/o serán muy recordados por mí cuando piense en el 2018. Dicho esto, no me hace falta dejar en claro la importancia que tiene Autechre para mí y para la electrónica; con cada disco logran dejar trazos importantes de innovación y un creciente interés por explorar los sonidos desde aristas poco ortodoxas. Los lanzamientos de los últimos diez años del dúo británico ha sido un hit and miss para ellos, pero desde el titánico Elseq 1-5 (2016) han sabido reflotar y entregar experiencias absolutamente viscerales. El 2018 fue testigo de los NTS Sessions 1-4, una serie de instalaciones para la NTS Radio, que, en simples palabras, contiene ocho horas de electrónica fuertemente abstracta. Sí, no es una idea atractiva oír música experimental por ocho horas —cada sesión dura dos horas—; sí, escuchar esto no es una experiencia accesible para todos. Al final de eso se trata æ, es música que compromete la disposición del oyente. NTS Sessions 2 es el lanzamiento más coherente del proyecto, y llega a un peak creativo que no se sentía desde los días de Confield (2001). Un disco que empieza lleno y se desintegra sin perder la fortaleza, una serie de caos digitales que solo llegan a ser un cuarto de una odisea. Está demás mencionar que Autechre siempre se ha reinventado.

JOAQUÍN SALLES

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Esta última entrega del controversial grupo de experimental hip hop se siente como la combinación perfecta de todos los sonidos que han explorado desde que empezaron y que los han distinguido como una banda especial dentro de este género. Lo abstracto de las letras de MC Ride nunca distrae al oyente de todo lo que está pasando instrumentalmente, donde se mezclan estupendamente sonidos industriales, guitarras súper distorsionadas casi metaleras, la frenética batería de Zach Hill y samples de todo tipo cortesía del tecladista Flatlander. A mi parecer el disco está repleto de highlights, pero si tengo que elegir una canción con la cual quedarme, no puedo parar de elogiar la densa “Black Paint”, que se siente como la deconstrucción total de la canción “Paint It Black” de los Rolling Stones. Ride toma parcialmente la letra de este viejo tema y hace algo totalmente nuevo. Cabe destacar también el track “The Fear”, donde se notan extrañas influencias del jazz. Por último, me parece muy interesante recalcar el hecho de que la mayoría de los samples que se utilizaron en este disco son de la propia banda, de canciones de los discos anteriores, pero modificados de tal manera que esto no se note para nada en una primer escucha.

MATEO BENTURA

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Folkways no es un sello que se destaque por sus lanzamientos novedosos. Al contrario, su catálogo se compone casi exclusivamente de recopilaciones de viejos registros etnográficos o, como mucho, grabaciones modernas de música tradicional. Por eso me sorprendió este disco de Anna & Elizabeth, en donde la influencia y el material de la música tradicional del noroeste estadounidense —como las armonías vocales y banjos— se contraponen con collages sonoros, drones, cuerdas medievales y vientos minimalistas. Se trata de un viaje por el folklore de Nueva Inglaterra, que, como su nombre lo indica, está marcado fuertemente por la influencia de los inmigrantes ingleses y de las islas Británicas en general, que colonizaron la región en el siglo XVII. Me sorprendió ver un acercamiento a la composición y producción parecido al de Niño de Elche, es decir, uno que se nutre de una tradición más primitiva para crear un producto estético contemporáneo. Es destacable que el sello del Smithsonian Institution elija darle espacio a artistas que resignifican y reinterpretan la tradición, algo que le añade mucho valor y desempolva ese acervo cultural al que se dedica a estudiar y preservar.

PAULA ELOÍSA

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En un principio nadie supo qué decir, nadie entendió de qué iba y qué pasaba con toda esta revolución del pop y el flamenco fusionados como nunca antes habíamos escuchado. Primero las teorías de Altozano, más tarde las respuestas de la misma artista explicando cada paso de la producción, cada detalle de la gestación de este disco que marca un antes y un después en la historia de la música española y del mundo. Lo que define a El Mal Querer es la deconstrucción de paradigmas visuales, audiovisuales, sonoros y literarios, cada arte trabajado con dedicación para lograr una obra completa y perfecta. Media hora de amor y desamor de calidad god-tier. No voy a poder olvidarme nunca de este disco que, para mí, definió el 2018 y cada uno de sus movimientos socioculturales, en especial todo lo que evoque a la mujer.

VÍCTOR NOGALES

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Fue difícil quedarse con un solo disco. Más aun sabiendo que el autor considera a cada uno de los tres como la plenitud contemporánea de su propio género. Den por hecho, entonces, que todos me parecen dignos de un primer lugar.  Desgraciadamente el Ambient (quizá también el Drone) está condenado por la crítica; está relegado a un rincón. Hay un desprecio eterno a la música indefinida que no concierne abordar aquí. De todas formas, coloco a Konoyo al centro del podio porque es una cátedra para tratar al eclecticismo como lo merece: un ejemplo para cualquier tipo de música. Hecker está a un nivel tan prominente que sería banal buscarle comparaciones. Se ha labrado su propio trono haciendo sonar al ambient lo más moderno, limpio y tecnológico posible. Es difícil concebir el cómo se le ocurre dibujar tales texturas. A Hecker le llama la atención cierto tipo de música clásica japonesa y este mismo es capaz de colocarla con maestría sin forzar eclecticismos baratos. (La inclusión del Gagaku pareciera no notarse; está tan incrustada en los drones y deconstruida en los glitches que no parece música que se tocaba hace mil años). No hay límite alguno para incluir el sonido que se te plazca en el ambient: la música desfigurada.