Ariana Grande | Thank U, Next (2019)

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Pocos podrían haber anticipado hace unos cinco años que Ariana Grande se encontraría hoy en la cima del mundo. La estrella intocable, aquella que todo el mundo ama. Aquella que nadie comprendería cómo no puede caerte bien. Pasa imperturbada entre las letales trincheras del drama y sale ilesa; quizás aún más fortalecida de lo que solía verse antes. La práctica hoy en día es el espaciamiento de los discos (tres o incluso más años entre lanzamiento y lanzamiento) y, sin embargo, ahora se da el lujo de publicar un nuevo álbum tan solo seis meses después del último. Ni la crítica ni el público parecen sentirse saturados —de hecho parecen encantados con el material como nunca lo han estado— y la llama tiene pinta de que no se apagará en el corto plazo. Nos encontramos en tiempos peculiares, me parece. Y aún así, sin preámbulos ni excusas, tengo que contarles un pequeño secreto: Ariana Grande, y aclaro que esta opinión fue formada hace ya largo tiempo, me resbala.

De mala gana afirmo que no hay nada que pueda hacer. Lo he intentado. Pese al aburrimiento he intentado buscar aquel detalle que me haga cambiar de opinión. Pensé que las opiniones de sus más grandes defensores (entre ellos mucha gente que respeto) me orientarían un poco. Incluso el raramente equivocado Todd in the Shadows se encuentra completamente enamorado de su tan meloso encanto. Ariana Grande parece ser una cuestión simple, y sin embargo sus canciones acaban haciendo conmigo exactamente lo opuesto de lo que hacen con el resto del mundo. No es que no me gusten (para nada, casi no les encuentro “problemas” o detalles repulsivos a sus temas) sino que, sencillamente, me entran por un oído y me salen por el otro sin añadir nada interesante a los pensamientos en mi cabeza. En mi mundo, su música existe. Encuentro incomprensible cómo es que sus canciones podrían cambiarle la vida a alguien a quien no le hayan vendido ya la idea de que son capaces de hacerlo. No es la música en sí, sino más bien el sentido de complacencia que envuelve a dicha música lo que encuentro asfixiante.

Irónicamente, es el hecho de que Ariana sea tan unánimemente querida el que me genera más desconfianza. Yo hubiera esperado que la estrella pop más relevante de nuestra época, aquella que habla de maneras nuevas a la juventud y aquella que tiene la suficiente actitud y talento como para permitirse a sí misma cualquier cosa, habría conseguido acumular unos cuantos enemigos a estas alturas. Yo esperaba que por lo menos hubiera una buena cantidad de gente malinterpretando el mensaje y encontrándolo peligroso o detestable (ancianos gritándole a las nubes, como se suele ver). Pero el “mensaje” en realidad resulta ser nomás una pose de niña melancólica y necesitada que se jacta de lo muy fuerte que es a la hora de soportar adversidades de la vida que son… muy bobas. Muy “pendejada de primer mundo”. Bueno, no sé qué más podría pedir. El truco le funciona a Lana del Rey, supongo que con más razón le será de utilidad a Ariana Grande.

Ejemplificaré con un tema, y no hay mejor ejemplo que el sencillo principal de este disco: “thank u, next”. Denle play al reproductor de Spotify y lo que escucharán será el equivalente a comerse una bolsita entera de ositos de goma de un saque, saboreando el empalagoso azúcar industrial con orgullo y sintiéndose como un cerdito empachado mientras uno mastica con la boca ininterrumpidamente abierta. El punto no es si la canción es “mala”, sea lo que sea que ello pueda significar a estas alturas para los fans incondicionales de Ariana, (además que ni siquiera es mala, de hecho es perfectamente potable como un pequeño ejemplo de aireada producción pop moderna) sino que es profundamente sintomática de una actitud pasiva donde la sentimentalidad es usada como un relleno ubicuo para excusar el tener que hacer arte que entretenga. La idea es que no importe que la canción sea un bodrio creado sin esfuerzo, porque la música es “expresión” y aquí Ariana expresa sentimientos nobles (de hecho, tan nobles que parecen una farsa; llámenme cínico) los cuales no pueden ser criticados sin que dicha crítica pueda ser acusada de ser fundamentalmente “tóxica”, a pesar de que aquí la única actitud tóxica sería la de Ariana misma y su estúpida idea de que las relaciones personales son cosas “descartables” sin peso alguno terminada su hora (¿al igual que todo hoy en día, supongo?). Creo que todo el arte aspira, de una manera u otra, a obtener cierta relevancia cultural, a cobrar significado para el fulano promedio de la vuelta y que dicho significado tenga valor cuasi-eterno por la simple gracia de que todos somos humanos. Mi punto es: ¿va el tiempo a emitir un juicio positivo sobre la relevancia cultural de “thank u, next”?; ¿les parece? ¿Será el estatus futuro de Ariana Grande como figura social más del estilo de Michael Jackson o más del estilo de Olivia Newton John, simplemente juzgando a partir del material que tenemos acá enfrente?

Hasta este mes, nunca había escuchado uno de sus álbumes. He escuchado casi todos sus sencillos de mínima notoriedad, por supuesto, ya que en el pop moderno es ahí donde siempre van y deben ir las apuestas. Álbumes completos, sin embargo, no me molesté en siquiera tocar uno. Nunca necesité escucharlos para confirmar mis ideas de que Ariana estaba destinada a hacerme encoger de hombros pase lo que pase (admito que la explosiva colaboración con Max Martin en 2014, “Problem”, es genial y es la canción que yo siento ha estado justificando el revuelo por todos estos años). Esta reseña, sin embargo, me ha dado la excusa perfecta para desvalijar mi costal de opiniones acerca del tema y además la oportunidad de falsar mi teoría de que no me estoy perdiendo de nada. Así pues, aquí tengo Thank U, Next, doce canciones de R&B moderno al estilo Ariana Grande más puro que puede haber. Y así como su carrera en general, a estas canciones las encuentro… pasables (?) O algo así, no importa.

Primero que nada, doy las generalidades: Ariana demuestra de manera consistente dos notables cualidades respecto a toda su competencia que me hacen por lo menos tener que respetarla. La primera, y esto supongo que es demasiado evidente como para requerir mucha justificación, es que sabe cantar. No es un talento vocal a la altura de Adele, pero sí es suficiente para exponerse y hacerse ver sin quedar en ridículo. Tiene garantizada su aura distinguida ya que las imitadoras se ven condenadas a pasar vergüenza. La segunda es que como artista parece no sentir tanta atracción por las ideas musicales grotescas y feas, aquellas que se ven romantizadas por estrellas pop de similar envergadura, de las cuales el mejor ejemplo contemporáneo debe ser el defectuoso reputation (2017) de Taylor Swift (o, este ejemplo es aún más atemporal, piensen en toda la carrera de Lady Gaga). Ariana parece más preocupada por enfocarse en hacer canciones bonitas que no pretendan eclecticismo en base a inyectar pequeñas dosis de elementos repulsivos a la música.

Pero incluso estas ventajas tienen sus imperfecciones. Ariana suele usar sus habilidades vocales de manera desconectada con sus canciones, como si solo las aprovechara para alargar un poquito los temas para que estos no lleguen al punto de aburrir (punto el cual se roza con frecuencia). Y su objetivo de hacer canciones “bonitas” a veces le juega en su contra, porque estas acaban siendo muy aburridas o empalagosas para cualquier persona con gusto. “No feo” no necesariamente quiere decir “bonito”. Yo no diría que el gris es un color feo, si se entiende.

Encima de todo, estos detalles obvian el obstáculo más importante al que siempre se enfrentan este tipo de estrellas pop y del cual ni su voz o estética pueden salvar a Ariana. Y es que crear un álbum no es lo mismo que crear canciones. Hay que sostener una atmósfera cinemática en lo alto por cuarenta minutos, y eso es casi imposible en un estilo de música cuya práctica estándar es hacer la misma canción diez veces con leves variaciones entre versión y versión. Históricamente, el pop es definido por los sencillos que produce más que por sus álbumes. ¿Cuál fue el último disco de pop internacional moderno que realmente me asombró como álbum? ¿Cuáles han brillado más allá de canciones particulares? Mi memoria se difumina más allá de 1989 (2014). (Puede ser que ANTI (2016) de Rihanna merezca cierta mención acá también; no es un gran disco en cuanto a calidad pero sí se siente que tiene visión y coherencia como álbum.) Los últimos años han sido bastante decepcionantes en este aspecto, y Thank U, Next también falla a la hora de justificarse como lanzamiento de larga duración. Si el disco existe es nada más porque más reproducciones en Spotify implican más plata para los bolsillos de Republic Records.

Yéndome a las cosas más específicas, hay unos cuantos estribillos copados en estas canciones que podrían justificar alguna escucha (notablemente “imagine”, “NASA” y “bad idea”) acoplados a una buena cantidad de detallada producción pop de la era del trap. Muchas de estas canciones parecen haber sido compuestas de golpe en la computadora del productor, sin jamás haber pasado siquiera por un instrumento físico (apostaría, por ejemplo, a que nadie jamás tocó el teclado de “needy”), lo cual no es necesariamente malo, pero quiere decir que se está trabajando en un área más delicada, dónde es más difícil justificar por qué alguien tiene que estar cantando al frente de la mezcla todo el puto tiempo. Esto puede ser especialmente irritante dado que Ariana es una pésima liricista: canciones como “NASA” son idiotizantes (‘It’s like I’m the universe and you’ll be N-A-S-A’ = yo agarrándome los pelos de la cabeza intentando contener mi ira) y “Break Up With Your Girlfriend, I’m Bored” es casi inexplicablemente maléfica.

Hay unas cuantas cosas coloridas para escuchar por aquí y allá: el caos organizado del último minuto de “imagine”, con cuerdas, voces, silbidos y un teclado Hammond sonando juntos de maneras bastante épicas (es refrescante escuchar una canción pop que cierra con algo nuevo en vez de repetir su estribillo cuarenta veces); los violines en pizzicato en el outro de “needy”; el sample muy estilo Kanye en “Fake Smile”; el teclado acuoso y cuasi-psicodélico de “thank u, next” que, y esto es algo que me duele admitir, es admirablemente icónico. Los resultados de la densa producción no necesariamente siempre positivos ya que, por ejemplo, hay canciones como “make up” que terminaron sonando como un desorden total (aunque los sonidos en sí mismos parecen bastante coloridos).

Extrañamente, son las canciones del legendario Max Martin las más deficientes del montón (la era del trap no le está sentando muy bien a este tipo). Las ideas de este tipo para el disco se resumen en un nada inspirado pseudo-dancehall en “bloodline”, unos desconectados arreglos de cuerda aquí y allá en “bad idea” (el buen estribillo es mérito exclusivo de Ariana y su voz), y un crescendo etéreo en “ghostin” (los cuales me gustaban más cuando la que los cantaba era Elizabeth Fraser). Aparentemente el tema de cierre también involucra a Martin y es un trap tan mediocre que parece una parodia a la cual se olvidaron de echarle algo de humor. Ariana parece creer que tiene coronita y puede salirse con la suya haciendo cualquier cosa (recuerden mis palabras: este va a ser su último álbum bien recibido antes de comenzar su desastrosa caída).

Como suele ocurrir, me encontré mirando Mean Girls la semana pasada, y sigo encantado con su astucia como sátira y su valor como entretenimiento. La clave de sus éxitos recaen en que la guionista Tina Fey y su equipo de cineastas se tomaron muy seriamente el trabajo de dejar en claro lo poco seria que la película realmente es. Thank U, Next vive temáticamente en un mundo muy similar al de Mean Girls pero, funcionalmente, vive en un mundo muy diferente. Ariana no puso ese plus de esfuerzo en dejar clara la falta de seriedad, ya sea por falta de astucia para pensarlo o energía para hacerlo, y la diferencia se nota. Hace al producto final no sólo exhaustante, sino también un poco bobo. Una vez que los doce tracks de Thank U, Next terminan de reproducirse la única idea que queda en mi cabeza es que Ariana enserio parece estar convencida de ser Regina George, lo cual es meramente confuso en el mejor caso, y genuinamente repulsivo en el peor. Mi duda ya no es si Ariana merece realmente llevar la corona, sino si la corona realmente sigue teniendo una utilidad en primer lugar.

Nota final:

5.5/10