아버지 | Reflection (2016)

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Sin duda, el vaporwave logró liberarse de todo el prejuicio y estigma que cargó desde su periodo incipiente. Justo en el punto cúlmine de una década imbuida en internet y publicidad invasiva, logró convertirse en un subgénero rico en sustancia e  ideas. Llegó al punto (inevitable) en que su ethos al fin fue digerido por la gente y donde exponentes del sonido como Daniel Lopatin o Vektroid adquieren el estatus de pioneros. 아버지 o father, es uno de los varios seudónimos del artista estadounidense John Zobele. Su arte está enfocado en el reciclaje y recontextualización de contenido audiovisual preexistente, por lo que es fácil deducir que sus lanzamientos no solamente están ligados al campo de la música. Reflection (BLCR Laboratories; 2016) agarra la antorcha infinita del vaporwave y la lleva al siguiente destino, el de la introspección y la auto consciencia.

Reflections”, una pieza glitch que goza de una producción envidiablemente simple, tiene ese armazón unidireccional y característico del vapor tradicional; sonidos ralentizados que van repitiéndose hasta el cansancio. Loops diminutos de un irreconocible sample se manifiestan al ritmo de un amigable compás, la repetición cambia tras dos tiempos y de esa manera se desenvuelve con toda seguridad hasta formar una gran y sutil progresión de acordes. Es impresionante la manera en que se construye este track, solamente aprovechando un pequeño de fragmentos ahogados que se presentan y destruyen sonando como un CD rayado. El comienzo de “Waking up the same” es la siguiente parada, una pequeña recompensa por completar aquella travesía de diez minutos donde la realidad, tus sueños y el vacío convergen hasta lograr que todo sea difícil de discernir. Las baterías repetidas, exacerbadas de reverb, flotan inertes por los canales y su totalidad solo genera un momento ensimismante que te inquieta hasta no poder más.

Reflection es un vapor minimalista y meditativo, de sonidos que se resquebrajan matizándose formando una experiencia cargada de incertidumbre y surrealismo. A grandes rasgos se siente como una larga escena conformada por paisajes monocromáticos y carentes de vida, es como un descenso al vacío devenir de la no vida futura. Los mantras hechos sonido de los bucles meticulosamente manipulados dan espacio a ese lugar que tantas veces desespera cuando se piensa en aquello. Todo lo que suena acá es la manifestación de nuestros peores miedos y nuestras anheladas necesidades. El tridente de “Loosing Everything”, “Sinking In” y “Voices” sintetizan bien ese temor tan anacrónico que nos hace sentir igual de humanos que el mismo amor. El primero de estos es el símbolo de aquel concepto de pérdida que enluta el espíritu de uno mismo, el drone comprimido le da columna a un ciclo de tonos y notas tan sublimes que luego decaen con todo el dramatismo de un duelo. El segundo es el punto de no retorno; la intensidad aumenta con las frecuencias bajas fisuradas por el tiempo, un piano sofocado irrumpe con opacidad y el descenso hacia lo estático se vuelve más latente con cada minuto. Quizá es el momento más denso del álbum. La intensidad alcanza una distorsión placentera al final de la trimurti, es todo un contraste con lo que está pasando realmente en el tema. Las voces se manifiestan aquí y bajo esas letárgicas expresiones solo hay una tristeza paralizante que quiebra todo lo que hemos oído desde el comienzo.

La sensibilidad que posee 아버지 para crear atmósferas conmovedoras es una de las más únicas que he oído en un subgénero que tiende a ironizar el mood eterno de relajación espiritual –mientras el planeta muere–, muy influenciado del new age comercial y su premisa de “unir al mundo” tras el fin de la guerra fría. Esa misma caricatura, punto de fascinación y rechazo de entusiastas junto a detractores, afrontó el destino de ser bastardizada tras largos años de exposición y descomposición en la aldea virtual. Es decir, gracias a la cantidad absurda de arte digital, memes y álbumes reminiscentes de aquel futuro perdido, obras en la que su mayoría carecieron de sustancia, el vaporwave perdió ese nivel mínimo de respeto del ojo público que ganó gracias a un par de lanzamientos excepcionales tales como Dream Sequins® (2014) de Nmesh y el ya clásico Birth of a New Day (2015) de unos tales 2814. Al contrario de sus anónimos contemporáneos, la música de Zobele no mimetiza esa idea banalizada con toda la aparente simpleza composicional, logra esbozar un universo –o un vacío– cargado de inquietudes metafísicas con nostálgicas melancolías.

El trance solemne de “Tomorrow” es una secuencia clave, es importante por su trascendencia. Es el momento del tan esperado clímax resonante en los tracks previos, donde los bucles ofuscados de los minutos previos pierden toda presencia en la memoria de corto plazo. De este modo el color viene haciéndose paso para darle fin a la monocromía a veces amenazante, a veces afligida del LP. Las abstracciones pasan de ser negativas a positivas. La manera en que el loop va construyéndose por el lapso es simplemente extasiante, el conjunto de pistas se configura para darle espacio a unas voces quebradizas. Estas voces parecen ser la evocación misma de un sitio sereno que quizá no yace físicamente en la tierra, un llamado desde lo más profundo cuyo mensaje probablemente no tiene manera de ser codificado. Todo es un lento quiebre, uno que muta hasta alcanzar el estado de pura felicidad en los minutos finales condecorando toda una cuasi-odisea que empezó con repeticiones bruscas e indescifrables. Tras toda la fase de conmoción, con vinculación emocional incluida, se vislumbra el regreso. El cierre me recuerda mucho a “Magic Window” de Boards of Canada, en ambos temas existe un efecto de salida o más bien una vuelta a la cruel realidad que parcialmente se deja atrás al dar el botón de play. Sin embargo la diferencia en ambos tracks es más que evidente, el silencio total que da fin a Geogaddi (2002) no se puede comparar con el sample bruto que solo se autodestruye para darle conclusión a Reflection. Ambos comparten un desenlace anticlimático y la consecuencia de eso es puro desconcierto porque significa el fin de la exploración, del estado mental que es el producto de la atención tomada a la obra, o al viaje si queremos darle un sentido poético a todo este compuesto de experiencias. El sueño acabó.