Stephen Malkmus | Groove Denied (2019)

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Stephen Malkmus
. Leyenda del indie. Ustedes lo conocen. Y en caso de que no sea así sepan que Malkmus fue el vocalista y líder de Pavement, el mejor grupo de rock estadounidense de los ’90s, y que su brillante legado se aprecia en la cantidad de imitadores baratos de su persona que han surgido en los últimos 25 años. No me voy a molestar en dar más explicaciones. Pueden confirmar todo esto ustedes mismos. De hecho ustedes podrían estar aprovechando mejor su tiempo escuchando Crooked Rain, Crooked Rain que leyendo esta reseña.

Lo que muchos parecen ignorar es que Malkmus ha existido como una entidad independiente de Pavement desde hace ya dos décadas, y que ha estado publicando buen material todo este tiempo. Su álbum debut homónimo, salido en 2001, es excelente, y su asociación con el grupo The Jicks ha resultado en una gran cantidad de discos de estudio publicados recientemente. El más nuevo de ellos, Sparkle Hard, tiene muy buenos temas y lo consideraría entre los mejores álbumes de 2018 (tiene garra de la de antaño, ¿saben?). Estilísticamente, la música de Stephen Malkmus solista nunca ha sido muy diferente de la Pavement. Capaz que se escuchan unos pocos menos solos de guitarra y la presencia de Malkmus cantando es algo más notoria, pero hasta ahí van las grandes diferencias.

Groove Denied es su primer lanzamiento sin la colaboración de los miembros de The Jicks y es, naturalmente, el que se aleja más del clásico sonido rockero que solemos asociar con él. Hay electrónica acá. Mucha. Escucho mucho preset estilo Roland 808, sintetizadores de onda triangular, efectos distorsionando la voz de Stephen, ecos y glitches electrónicos estilo Animal Collective dispersos de manera aleatoria por aquí y allá, y también mucha estructura musical minimalista. También hay indie rock melódico del que Malkmus siempre supo hacer (especialmente en la segunda mitad), pero casi dos terceras partes del trabajo suenan a material con el que no estamos familiarizados en absoluto. Lo deja a uno bastante confundido.

La descripción cualitativa que acabo de darle no parece hacerle muchos favores a Groove Denied, y voy a ser sinceros con ustedes en cuanto a mi juicio estético: a pesar del profundo respeto y admiración que le tengo a Malkmus, tengo que admitir que este álbum es casi completamente divagues mediocres que reflejan cero fluidez y talento para trabajar el estilo de música que está siendo trabajado. Ya entiendo por qué Stephen se apegó a un estilo de música toda su carrera… porque no le sale hacer ninguna otra cosa. Ni siquiera entiendo cómo se las arregló para que le aceptaran publicar esto: las chances de obtener una buena recepción por parte del público y la crítica son bajísimas. Los temas electrónicos acá suenan cien por ciento amateurs, sin siquiera personalidad suficiente como para enganchar al oyente y que siga el juego. A uno le vienen ganas de darle stop al reproductor (además, el secuenciamiento del disco no le hace favores; los dos primeros tracks son los más molestos e indulgentes).

Lo más lamentable es que ni siquiera los temas más rockeros y convencionales salvan al disco. “Come Get Me” es lo-fi con pretensiones de psicodelia que no salen a flote porque la producción suena horrible. “Rushing the Acid Fat” está decente, pero claramente podría ser mejor si no fuera un caos desprolijo (y si a Malkmus se le hubiera ocurrido alguna melodía mejor). “Boss Viscerate” es un country sobre un beat electrónico, y aunque ciertamente el riff de guitarra es lo mejor que el álbum tiene para ofrecer, la canción no llega muy lejos. “Ocean of Revenge” es en el mejor caso un lado-B de Pavement, y uno de los más aburridos que la banda jamás habría hecho (¿podrían las guitarras, no sé… por lo menos intentar hacer algo?). Ciertamente darle unas cuantas vueltas a los temas los hace más escuchables ya que uno se acostumbra a sus manierismos, pero yo me pregunto: ¿vale el esfuerzo la pena?

Las cosas buenas que Groove Denied tiene están muy difuminadas y ni siquiera parece que Stephen hubiera intentado poner mucho énfasis en ellas. Con todo, existen y mencionaré algunos ejemplos: los pocos momentos melódicos del sintetizador principal en “Viktor Borgia” (casi todo en el último minuto y medio del tema), las surrealistas voces mareándote mientras susurran el título del tema en “Forget Your Place” (excepto por ese detalle, la canción es la nada absoluta), las melódicas guitarras estilo Rolling Stones circa-Between the Buttons en “Rushing the Acid Fat”, los ya mencionados contrapuntos de guitarra en “Boss Viscerate”, los resonantes arpegios de guitarra acústica durante los versos de “Grown Nothing”. Extrañamente, en ninguno de estos momentos está muy involucrada la voz de Malkmus. Para un vocalista que ha cantado tantas cosas maravillosas a lo largo de los años, lo que tiene para ofrecer en Groove Denied es muy pobre.

Ver a un músico que yo consideraba tan sobrenaturalmente talentoso haciendo un trabajo tan mediocre como este me hace sentir una sensación extraña, pero al mismo tiempo me alivia: Stephen se ha sacado un demonio de su sistema y es probable que ahora regrese al confort de la normalidad. A veces los músicos no pueden seguir adelante hasta que no se sacan ciertas cosas de encima, hasta que no cumplen ciertas metas que tenían propuestas desde hace tiempo. Malkmus, ya tenés tu álbum puramente solista. Ahora volvé con tus compañeros de The Jicks y hacé tu trabajo como se debe.

Nota final:

5/10